¿Mis hijos juegan? – El juego en la pedagogía Montessori

Muchas veces me preguntan si mi hijo juega y se divierte. La verdad es que entiendo de dónde vienen estos comentarios, y es que a veces en las redes sociales queremos enseñar lo que hacemos que es diferente y a veces se puede dar justamente la imagen de que somos muy diferentes al resto de familias con hijos, cuando nos parecemos más de lo que piensa la mayoría.

Y sobre todo cuando hablamos de canales de educación y Montessori, como el mío, parece que es todo muy académico, y además sabiendo que intentamos evitar lo máximo posible la imaginación y la fantasía hasta los 6 años y que en Montessori prácticamente no hay juego simbólico, la gente se echa las manos a la cabeza pensando que mis hijos están haciendo fichas todo el día y aprendiendo cosas nuevas. Y entendedme. Mis hijos están todo el tiempo aprendiendo cosas nuevas, pero no es porque yo lo esté forzando.

Creo que el malentendido viene de el concepto que tenemos de trabajo en la sociedad. Suele tener definitivamente una connotación negativa y está relacionado con cosas importantes. Sin embargo el juego se entiende como que no sirve para nada. Es por esto por lo que se tiende a separar el juego del trabajo.

Desde la pedagogía Montessori se entiende que el juego es el trabajo del niño. De hecho creemos que el juego tiene un papel muy importante en la vida del niño.

Cuando se habla de trabajo, todas las actividades se consideran como tal, incluido el juego. Separar los dos no es beneficioso.

La educación tradicional entiende el aprendizaje colocando al profesor en el centro, dando explicaciones mediante libros de texto. Sin embargo en Montessori hay libertad de elección también en cuanto a trabajo, por lo que al elegir ellos mismos qué hacer, lo consideran juego. Además esta manera de trabajar hace que los niños tengan una independencia mayor lo que lleva a un mejor rendimiento académico.

Aunque también hay familias a las que les preocupa que se esté centrando tanto la vista en el juego y que no haya suficiente carga académica.

¿Por qué es tan importante el juego?

El juego es algo voluntario y espontáneo, que se hace desde el disfrute y que se hace con un propósito. Promueve la creatividad, la resolución de problemas, las habilidades sociales, de lenguaje y físicas. También ayuda a sobrellevar problemas emocionales.

Pero es importante que los juguetes sean de una determinada manera, no vale cualquier juguete.

Deben empujar a la creatividad, a usar su imaginación. Deben ayudarles a saber cómo funciona el mundo y a controlar su fuerza.

El juego es importante. Es lo más importante en la vida de los niños y niñas. Pero tiene que ser un juego con propósito con juguetes con sentido.

Por qué mis hijos van descalzos

Llevo mucho tiempo sin pasarme por aquí, pero me está costando esto de la vuelta al cole. ¡No me extraña que los niños y niñas pasen unos días (o meses) malos con el comienzo! Se supone que yo ya no estoy en el periodo sensible del orden y sin embargo estoy que me subo por las paredes y de todo menos organizada. ¡Y ya es octubre!

Hoy quería hablaros de la importancia de ir descalzo. Es una práctica que yo también sigo en casa (y fuera de casa cuando es apropiado también) y que por lo tanto rápidamente ha pasado a formar parte de lo habitual para mis hijos.

Pero ¿hay algo más detrás de la simple comodidad en el hecho de ir descalzos? Pues sí.

Ya escribí un post en mi instagram sobre el tema, pero hay muchos estudios que demuestran la importancia de ir descalzos durante la primera infancia para el desarrollo correcto del pie y sus huesos. Al ir descalzos el pie adopta posiciones que con un zapato es muy difícil que adopte y así fortalece los músculos de pie y tobillo. Nuestros pies son maravillosos y están preparados para que andemos descalzos por todo tipo de superficies. En la actualidad están completamente desaprovechados, por lo que intentar ir descalzos cuando es posible es la mejor opción.

Vamos, que andar descalzo no solamente no es malo, si no que es bueno.

Puede ser que te preocupe el mito de que se van a enfriar. Y sí, digo mito porque no es más que eso. El frío no entra por los pies y tampoco los resfriados. Los resfriados son consecuencia de virus, no de ir descalzos.

Ya os he hablado alguna otra vez de la mente absorbente del niño (y si no tenéis toda una categoría hablándoos de ella en el blog) y es que entre los 0 y los 6 años los niños están explorando y ABSORBIENDO todo su entorno para buscar un orden y para buscar su sitio en ese orden. Esta exploración del entorno se realiza siempre a través de los sentidos y los pies son unas excelentes herramientas para descubrir y sentir el mundo. De hecho hasta los 9 meses tienen una sensibilidad mayor incluso que las manos.

Por eso nuestros hijos siempre se descalzan al llegar a casa. Porque necesitan sentir. Y no solo notamos esta necesidad de llevar los pies desnudos en niños más mayores. No es rara la imagen de un bebé quitándose los calcetines o lanzando las zapatillas y chupándose los pies. Los zapatos no son más que barreras para explorar su propio cuerpo y su entorno.

Pero los beneficios no son solamente el correcto desarrollo corporal. Andar descalzos, y sobre todo por terrenos desiguales ayuda a desarrollar el equilibro, tener una buena postura, conocimiento del entorno y movimientos oculares. De hecho está relacionado con las mismas zonas del cerebro que luego pueden ayudar a luchar contra la ansiedad y con la habilidad de concentrarse.

Y no se queda ahí, si no que hace un tiempo salió un estudio que cuenta que los niños descalzos desarrollan mejor su inteligencia. Y todo relacionado con lo que Maria Montessori ya decía. El estimulo sensorial y el movimiento físico del bebé son claves para el desarrollo de la inteligencia y los zapatos no hacen nada más que dificultarlo. Los zapatos solo son para que no pasen frío al andar en el suelo, por lo que deberíamos dejar de calzar a los niños que no andan para empezar y dejar andar más descalzos a los que sí lo hacen.

En fin, que descalceis a vuestros hijos cuando podáis. Y si, también en el parque, la hierba y el asfalto. Y si por lo que sea es algo que no es posible en el lugar en el que vivís, sed muy conscientes de los zapatos que compráis y cuanto más blanda sea la suela mejor, para que el movimiento del pie en el interior sea lo más similar posible (aunque nunca será igual) a andar descalzos.

De hecho yo esta vez con Jaime he descartado los pijamas con pies y le pongo pantalones chandaleros con los pies al aire. ¡Y hasta he empezado a ir descalza yo también en sitios en los que solía ir calzada!

Los zapatos para bebés te pueden parecer bonitos, pero no sólo no son útiles, si no que frenan al bebé en su desarrollo físico y mental.

La mente absorbente – Capítulo 19

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 19. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de las diferencias del subplano de los 0 a los 3 años y del de los 3 a los 6 años y explica las carácterísticas más importantes de este último.

El paso al periodo de los 3 a los 6 años no está muy marcado. De hecho se considera periodo a la etapa de los 0 a los 6 años y se parte en dos. La primera parte es la creación de la vida psíquica y la segunda parte es de perfeccionamiento y fijación. En la segunda parte también aparece la consciencia que es quien guía en el desarrollo a partir de este momento.

La consciencia conquista lo que no estaba claro antes y lo perfecciona. Ya no solo toma el entorno sino que lo hace de forma consciente. Esta aparición de la consciencia se hace de forma espontánea.

Todavía es una etapa en la que se está creando y todavía está cerrado a influencias exteriores como el adulto intentando imponer o transmitir algo directamente. Por lo tanto la mente del niño es capaz de adquirir cultura en esta etapa de la vida pero solo lo puede hacer a través de su propia actividad, no la puede recibir de otros, sino mediante su trabajo.

En esta etapa es cuando desarrolla el carácter, pero lo hará de acuerdo con las leyes de crecimiento. El niño está especialmente interesado y se concentra en las cosas que ya están en su mente, en las que absorbió durante el periodo anterior, ya que lo conocido se mantiene en la mente.

El recibir mandatos frecuentes y constantes no crea la obediencia. La obediencia se logra de formas indirecta con preparación interior. El niño tiene mucha sabiduría en su interior, que le guía, y es evidente que las interferencias de los adultos no ayudan, sino que obstaculizan su desarrollo. Es necesario un entorno preparado y bien organizado para que el niño tenga libertad para expandirse.

El niño de esta edad adquiere un gran número de palabras y tiene una gran sensibilidad e interés en las palabras. Todos los niños enriquecen su vocabulario en esta etapa, por lo que debemos ofrecerle un entorno con mucha variedad de palabras. Los niños que tienen la oportunidad de aprender muchas palabras en esta etapa, sobre todo si son complicadas, hacen que luego se recuerden con mayor facilidad que si se las enseñamos más adelante. Es por esto que es muy beneficioso darles nombres científicos en esta edad. No de manera mecánica sino relacionadas con su experiencia para que les enriquezcan. De esta manera les presentamos las palabras en diferentes temáticas como la botánica, la zoología, la geografía, etc.

En esta edad la mente va más allá de los límites concretos y empieza a imaginar. Tiene el poder de visualizar cosas que no ven con los ojos, lo que nos indica que la mente ha cambiado.

El niño pedirá mucha información Preguntará para saber más de su alrededor. El niño es curioso, siempre haciendo preguntas. Necesita saber. Hay que considerar las preguntas no como un incordio sino como la expresión de una mente buscando información. Los niños a esta edad, sin embargo, no pueden seguir explicaciones muy extensas, por lo que es mejor hacer resúmenes cortos.

Juego, imaginación y preguntas son las tres características de esta edad.

Trabajo y juego con dos niños en casa

Con la llegada de Jaime han surgido nuevos retos. Uno de ellos proteger la concentración de Mateo cuando estamos los tres juntos.

La concentración es una de las claves en la pedagogía Montessori y es algo muy importante tanto para su desarrollo como para el futuro. Pero claramente ha sido una de las cosas más perjudicadas porque Jaime ha empezado a ser más móvil y se mete por en medio y le hace perder la concentración (y los nervios).

El multinivel es una de las mayores ventajas de tener hermanos ya que despierta en el mayor dotes de liderazgo y refuerza contenidos explicándoselos al pequeño además de trabajar la paciencia y el pequeño se siente incitado por el trabajo que hace el mayor y se prueba más que si se lo ofrecemos como presentación.

Una de las cosas más importantes que podemos hacer en este sentido es tratar al bebé de forma respetuosa. Si no queremos que quite los juguetes a su hermano mayor o no queremos que se meta por en medio mientras estamos trabajando es importante no hacerlo nosotros con él. Nada de arrancarle los juguetes de las manos, de cogerle en volandas por detrás sin avisar, pedirle siempre permiso y esperar a que te indique que quiere ser cogido. Además es buena idea preguntarle si te deja jugar con él antes de empezar a jugar. Los niños aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos y un buen ejemplo es clave en esta relación.

La previsión es clave también. Si ves que ha acabado SU concentración, es el momento de intervenir y redirigir si fuera necesario. Proteger la concentración de tu hijo mayor es realmente importante.

Si se produce el conflicto es muy buena idea hablar con los mayores y que te ayuden a buscar una solución. Una tormenta de ideas es algo que puedes hacer para promover la resolución del problema.

La necesidad de exploración es algo que existe en los bebés, que está en su naturaleza. No es algo que podamos evitar ni que queramos evitar, de hecho. Así que buscar los momentos en los que pueda explorar los juguetes de su hermano mayor, aunque sean «peligrosos» es imprescindible, aunque siempre se haga con supervisión. Una vez que les observamos explorando podemos determinar si hay alguna necesidad interna del niño para analizar ese juguete en particular o si simplemente es exploración pura y dura del objeto. En el caso de que haya una necesidad intrínseca en el querer coger ese juguete podemos pensar alternativas para que pueda cumplir con esa necesidad pero con un material apropiado para su momento de desarrollo.

Y relacionado con lo que os decía antes de que aprenden de lo que hacemos más que de lo que decimos es nuestra actitud ante el conflicto entre hermanos. Si es algo que nos tensiona, la tensión va a traspasar y va a acrecentarse, por lo que es importante trabajar en nosotras mismas y entender qué es lo que te pone nerviosa de la situación y que puedes hacer para que se rebaje la tensión y el ambiente sea más calmado. Va a haber días malos seguros, pero es importante tener el mente el objetivo a largo plazo siempre, cuál es la relación que queremos crear entre ellos. Las únicas emociones que puedes controlar son las tuyas propias, así que hazlo.

Cuidado con las etiquetas y el dar por hecho. Tu hijo mayor no tiene que cederlo todo ni entenderlo todo por el simple hecho de que es mayor. Tampoco podemos actuar de jueces y colocarnos de parte de uno o de otro en el conflicto. Es imposible que conozcamos todo lo que ha ocurrido ahí. Puede ser que no hayamos visto el principio, que puede haber sido hoy o hace unos días. Nunca, nunca, debes decidir quién tiene razón. Eso no sería justo para nadie.

Y mucha paciencia, mucho amor y mucho cuidado personal para ti, que vas a tener que aportar la energía a esa situación. ¡Lo estás haciendo bien!

La mente absorbente – Capítulo 18

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 18. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori da una nueva visión de la educación y explica que la visión que se tiene de cómo debe ser el entorno y el profesorado está equivocada.

El problema con la educación no es falta de recursos y por lo tanto de materiales, sino que es más la falta de conocimiento de las características reales del niño. Lo que se necesita es liberar al niño, no más recursos. Y es una libertad que no vamos a entender a no ser que la experimentemos.

De hecho, el niño que vive más cercano a la naturaleza es más probable que revele su potencial que el niño que vive en condiciones de más opulencia y por lo tanto más artificiales. No por esto hay que imponer la pobreza, pero no nos debe dar miedo, ya que es la condición más favorable para el desarrollo espiritual si se acepta. Si queremos experimentar dándole libertad al niño, hacerlo desde la pobreza es la mejor manera.

La concentración es básica porque significa absorber intensamente el entorno, objeto a objeto, explorando cada uno de ellos. Un niño debe ser libre para explorar y seguir las poderosas guías naturales que hay en él. Estas guías le llevan al niño a buscar la exactitud, la precisión y conseguir todo lo que se propone.

Muchas veces lo que el profesorado quiere es que los alumnos estén atentos y concentrados en lo que hacen para que puedan repetir exactamente cualquier instrucción que se les de y que hagan todo hasta completar la tarea. Éste es el comportamiento natural del niño cuando está en un entorno natural. Si le damos libertad y no hay interrupciones por parte del profesor, el alumno completa el trabajo con concentración. Si el niño está interesado en lo que hace, sigue y sigue y sigue. No se cansa. Sin embargo si cada cierto tiempo el profesor le hace cambiar o «descansar» entonces les cansamos.

Otro de los errores es que la lógica humana dice que debemos separar las actividades físicas de las mentales y así es como se plantea en la educación tradicional. Para el trabajo mental debemos estar inmóviles en un aula y para el trabajo físico las facultades mentales no son necesarias. Sin embargo el niño no puede pensar sin sus manos ya que son el instrumento de la inteligencia. De hecho en el periodo de los tres a los seis años, ha sido descubierto que el movimiento y la mente van juntas.

Ya hemos hablado previamente del hecho de que el niño posee la mente absorbente y que absorbe el entorno al completo sin cansarse, por lo que no debería sorprendernos que la cultura, si se prepara y presenta correctamente, se puede absorber también con facilidad. La única cosa necesaria es tener material científicamente exacto que pueda ser manipulado por los niños. Una vez que tenemos eso podemos enseñarle muchas cosas al niño de tres a seis años. Las personas que se dedican a los niños en esta edad tienen que servir las necesidades psíquicas del niño.

Cuando estamos a cargo de niños de esta edad podemos decir casi que tenemos el poder de la vida social. Primero porque vemos de primera mano la transformación del niño y segundo porque podemos descubrir que el niño es capaz de hacer muchas más cosas de las que inicialmente pensábamos y esto hace que el adulto se maraville ante el potencial del niño, lo que lleva a conseguir la transformación y la educación del resto de adultos con respecto al niño.

Por lo tanto para la educación de los niños todo lo necesario son adultos, simplemente, que tengan buena voluntad, ya que lo que se debe tener en mente no son lo difíciles que son las teorías entorno a la educación sino la visión del primer experimento antes de que estas teorías se desarrollaran.

Montessori en casa cuando el colegio no lo es.

Es una de las preguntas que más me hacéis y que más os planteáis.

¿Qué pasa cuando llevas la educación y crianza en casa con un método o pedagogía alternativa y el colegio es tradicional?

Lo primero que hay que tener claro es que vivimos en el mundo real. Por mucho que nos gustaría éste no es un mundo Montessori y ni siquiera se le parece un poco. Tampoco es un mundo en el que se trata con respeto a los niños y niñas, sino que se tiende a tener una relación mas bien vertical con ellos y ellas.

Esto no quiere decir que debamos tirar la toalla y seguir a la mayoría.

Las personas que conviven a diario con tu hijo o hija son las que van a ser su referente. Y es muy importante que tú y las personas que te acompañan en el camino de la crianza tengan esto claro desde el principio. El cerebro del niño o niña hasta los 3 años absorbe absolutamente todo lo que hay a su alrededor y se forma hasta en un 85% de su totalidad, por lo que lo que hagas va a quedar grabado en su psique. Esto no tiene que convertirse en tener miedo a traumas ni en tener una relación artificial y forzada con él o ella, pero si que tener claro cuál es la relación que quieres crear a corto y largo plazo.

¿Que van a recibir mensajes contradictorios a los tuyos? Seguro. ¿Que le van a tratar de una manera que tú jamás serías capaz de hacerlo? También.

Pero una cosa está clara: todo lo que hagas en favor de tu hijo y su desarrollo nunca va a caer en saco roto. Siempre le va a servir de algo. Siempre va a ejercer una influencia.

Siempre es buena idea comentar tanto con el colegio como con las profesoras cual es tu visión de la educación y la crianza y meterte todo lo que puedas en los organismos de la escuela para cambiar al máximo posible las cosas tanto por tu hijo o hija como por lo que vengan, pero sin agobios, dentro de tus posibilidades.

Y por las tardes, ofrece la mayor cantidad de tiempo de calidad y respeto, siguiendo al niño al máximo y escuchando lo que tiene que decir.

¡Suerte en este nuevo inicio!

La mente absorbente – Capítulo 17

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 17. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla del paso de la mente absorbente inconsciente a la consciente y explica por qué los juguetes no están bien enfocados para el desarrollo real del niño.

El tipo de desarrollo del que llevamos hablando en toda esta serie de artículos, continúa hasta los 3 años. Es una etapa creativa, pero también olvidada. La mayoría de las cosas que ocurren en este periodo las olvidamos. En esta fase ocurren hitos que aparecen de manera aislada e independiente: el lenguaje, el movimiento de los brazos, el movimiento de los pies. Todo se desarrolla, pero sin unión, cada una por su lado y de forma completa.

Cuando cumplen los tres años es como si la vida comenzara de nuevo, ya que aparece la consciencia. Aparece también la memoria. Después de los tres años se desarrollan las facultades.

Es importante darse cuenta de que la sociedad necesita conocer estos aspectos de la mente del niño porque sino pondremos más obstáculos a su desarrollo. Durante el periodo hasta los tres años el niño está bajo el cuidado del adulto porque no puede abastecerse y los adultos, si no tenemos conocimientos de la mente del niño podemos convertirnos en dificultad más que en ayuda.

Después de los tres años el niño ha adquirido ciertas facultades que le permiten defenderse porque puede hablar. Si siente que el adulto le oprime, puede marcharse o tener una rabieta. Sin embargo su objetivo no es defenderse, sino conquistar el entorno. El periodo de los 3 a los 6 años es un periodo de construcción consciente, en el que utiliza las facultades que ha creado que salen a la superficie mediante las experiencias que conscientemente lleva a cabo en el entorno. Estas experiencias no son juego ni son al azar, son trabajo. La mano, guiada por la inteligencia hace el trabajo. En esta segunda etapa sigue sus deseos y muestra actividad con sus manos.

Aunque este periodo es un periodo de perfeccionamiento, sigue absorbiendo el entorno. La mente absorbente continua, pero sus manos y sus experiencias le ayudan a desarrollar y mejorar las facultades que ya tenía. Si vemos a un niño en esta etapa veremos que está siempre trabajando, feliz y con las manos ocupadas.

Sin embargo el enfoque que se hace de lo que les damos a los niños para trabaja parece casi una burla. Los juguetes se han vuelto tan importantes en occidente que la gente incluso piensa que ayudan a la inteligencia. Desde luego es mejor que nada, pero si miramos al niño nos daremos cuenta de que siempre quiere nuevos. El problema real es que el niño no tiene interés en ese tipo de juguetes porque no hay realidad en ellos. Cuanto más tiempo pasa en un entorno lleno de juguetes menos capaz será de adaptarse al entorno real. Es en esta etapa de los 3 a los 6 cuando intenta perfeccionarse a través de la imitación de los adultos y su consciencia se desarrolla a través de las experiencias de la vida y se las negamos.

Llénales el entorno de objetos que puedan utilizar para realizar las mismas acciones que los adultos de su cultura y comunidad. Dale motivos para la actividad con objetos hechos a su medida que utilizamos habitualmente en casa o en el exterior.

Una vez que se le dan cosas reales a un niño, no solo son más felices y están más preparados, sino que muestran una personalidad diferente. Sobre todo se ve claramente la independencia. La busca incesantemente. Niega la ayuda, quiere estar solo.

La vida social y el desarrollo de la personalidad llega de manera espontánea. La felicidad del niño no es el objetivo, sino que sea el constructor del adulto, independiente, trabajador y experto en su entorno.

Por qué hemos decidido practicar colecho esta vez.

Y si, digo esta vez porque con Mateo no lo hicimos. Pero las cosas han cambiado, la situación es diferente y en realidad también tengo más conocimientos de los que tenía.

La principal razón es mi propia comodidad. Así de egoísta como suena. La situación ha cambiado bastante con respecto a hace 4 años porque ahora está Mateo y antes sólo estaba Mateo (creo que me explico). Yo necesito funcionar durante el día y ya no me vale con dormir cuando el bebé duerme. Hay otro niño que necesita tener sus necesidades satisfechas y que requiere del amor, cariño y estabilidad mental de su madre. Y para eso yo tengo que dormir. No hay más.

Algo que ha impulsado esta decisión también es el hecho de que Jaime coge el pecho estando yo tumbada, porque el párrafo anterior no tendría sentido si tuviese que darle el pecho sentada como tenía que hacerlo con Mateo. Así que me aseguré en cuanto nació Jaime de intentar muy insistentemente que cogiera el pecho mientras estaba tumbada, en previsión de las noches largas y los días largos también.

Y que queréis que os diga. En el fondo ya colechaba. A Mateo desde que ya es un poco más mayor le dejamos casi siempre dormir en nuestra cama si nos lo pide, y de hecho cuando vamos a casa ajenas (a casa de los padres de Sergio, a un hotel o a una casa de vacaciones) nunca hemos pedido cuna ni habitación para él, siempre ha dormido con nosotros.

Es posible que simplemente no colecharamos desde el inicio por el qué dirán y por las malas lenguas, sí. Lo admito.

No es que ahora me arrepienta de ello, porque una vez que ya eres madre y te empieza a importar poco o nada lo que opinen de ti (algunas veces), pues haces lo que te pide el cuerpo. Y a mi me gusta achuchar a mis bebés. Dormir juntos y despertarnos juntos.

Y creo que a la relación de pareja le viene más bien que mal, siempre y cuando se cuide y se quiera y se priorice a la otra persona lo suficiente.

Creo que el colecho está muy criticado, pero por gente que no colecha ni lo ha intentado nunca. Creo que el colecho está criticado desde las bocas de gente que igual le hubiese gustado hacerlo, pero prefierió seguir las normas. Creo que el colecho está criticado por gente que no tiene hijos o hace mucho que los tuvo.

Si quieres colechar, colecha. Si quieres dar la teta, dala. Si quieres dar biberón, dalo. Si quieres educar a tu hijo en casa, hazlo. Que hagas lo que te de la gana, vamos.

La mente absorbente – Capítulo 16

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 16. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la importancia del ciclo de actividad y de cómo debemos enfocar el caminar con niños.

El año y medio es una edad muy importante en la educación del niño ya que es el momento en el que las extremidades inferiores y superiores coinciden en desarrollo. Además a los dos años llega una explosión de lenguaje y es por esto que al año y medio ya está realizando esfuerzos para expresarse. Es una época de esfuerzo y de construcción. Es muy importante que en esta época del año y medio a los dos años se tenga especial cuidado para no destrozar el desarrollo del niño. Es un periodo de máximo esfuerzo que debe ser apoyado y además empieza a tener tendencia a la imitación, pero para ello primero tiene que entender.

Sin embargo la naturaleza no se preocupa por si hay perfección o no en los adultos. Lo que le preocupa es que para imitar, el niño tiene que estar preparado y esta preparación es la que importa, y depende directamente del niño.

Si observamos a un niño en esta edad, nos daremos cuenta de que hace determinadas cosas. Cosas que para nosotros pueden parecer absurdas. Si vemos que el niño lleva a cabo actividades, aunque no las entendamos o no sea nuestro deseo que las hagan, siempre que no sean peligrosas no debemos interferir, por el niño necesita terminar su ciclo de actividad. Seguirán realizando este tipo de acciones una y otra vez hasta que se cansen. Hay veces que el adulto tiene ganas de ayudar en el esfuerzo al niño, pero esta ayuda lo único que hace es romper el ciclo de actividad y es una manera de reprimir al niño.

Estos ciclos de actividades puede que no tengan sentido en sí, pero el niño lleva a cabo actividades que le dan coordinación de sus propios movimientos. El objeto no es en sí el objetivo.

Es completamente natural que el niño tienda a andar. Un niño de alrededor de dos años puede andar hasta un kilometro y los puntos difíciles de un paseo son los más interesantes. La idea preconcebida de que los niños no pueden andar una distancia es resultado de que queremos que anden a nuestro ritmo.

Y es que volvemos a lo mismo de lo que hablábamos arriba. El propósito del niño no es llegar, sino andar. Sus piernas están desproporcionadas con el tamaño de su cuerpo y son mucho más pequeñas que las nuestras, por lo que no tenemos que hacer que el niño nos siga, si no que tenemos que seguirle a él. El niño tiene sus propias leyes de crecimiento y si le queremos ayudar a crecer, debemos seguirle, no imponernos. El niño no solo anda con las piernas, anda también con los ojos, por lo que las cosas interesantes a su alrededor son las que le hacen moverse. De esta manera puede andar kilómetros, ya que son paseos llenos de momentos de descanso y de información interesante.

La idea de moverse por el entorno de cosa interesante a cosa interesante forma parte de la naturaleza y de la educación. Todos los niños deberían caminar así. Cuanto más aprende, más anda.

Irse del parque sin que lloren. ¿Es posible?

Esta es una pregunta que ya me hicisteis en mi vídeo de preguntas y respuestas y que contesté brevemente, pero tenía ganas de dejarlo por escrito y por separado por aquí para redirigiros si me volvíais a hacer esta pregunta.

Y es que este es un drama por el que pasamos muchas familias a la hora, no solo de dejar el parque, sino de marcharnos de un sitio en el que están a gusto.

Lo primero y lo más importante de todo es que tu actitud sea la correcta. No sirve de nada repetir 200 veces «venga, que nos vamos a casa» si entre repetición y repetición sigues charlando tranquilamente con las madres y padres del parque. Tienes que reflejar una actitud de marcha: ponerte de pie, ir recogiendo cosas. No vale que la repetición 201 sea la de me enfado y a todo meter nos vamos. Los niños suelen tener especial problema con las transiciones y necesitan que les ayudemos.

Otra cuestión que suele dar problemas también es el hecho de que los niños no entienden bien el concepto del tiempo, por lo que decirles «10 minutos más» no significa absolutamente nada para ellos y no debes esperar que a los 10 minutos obedezcan sin rechistar. Un recurso similar que funciona mucho mejor es negociar cuantas veces más se pueden tirar por el tobogán o cuantas veces más le vas a dar en el columpio. En niños de dos años en adelante este concepto de contar tiene mucho más sentido y puede ser que consigas que se marchen al completar lo acordado.

Y digo negociar porque ya sabéis que bajo mi punto de vista el dar opciones es clave para evitar malos ratos. «¿Cuántas veces más te vas a tirar por el tobogán antes de irnos? ¿Qué te parecen 5?» Si el niño propone una cifra razonable, aunque sea mayor que la tuya, yo te recomiendo que la aceptes. Eso si, si quedáis en una cosa es lo que tiene que pasar. Si ya se ha tirado 7 veces por el tobogán y sigue sin querer marcharse hay que hacer algo más.

Yo empezaría con recordarle qué es lo que habíais quedado, pero nunca como una amenaza. «Ya nos hemos tirado 7 veces por el tobogán. Ahora es hora de marcharse.» Si el niño sigue sin reaccionar es el momento de actuar. Nada de repetir las cosas muchas veces. Una sola vez es suficiente. Se ha enterado. «Veo que te está costando un poquito marcharte del parque. Lo estabas pasando bien y te apetece estar un poco más. Es hora de irnos. ¿Necesitas que te ayude a bajar del parque o bajas tú?». Volvemos a dar opciones.

Si sigue sin querer irse del parque te toca ayudar. «Ahora voy a ayudarte a bajar del parque. Te voy a coger por las axilas y te voy a bajar al suelo. Ahora te voy a dar la mano y nos vamos a ir del parque.» Normalmente con esto es suficiente. Lo habitual es el que niño acepte que es el momento de marcharse y que te de la mano.

Si esto sigue sin funcionar tenemos que dar un pasito más. «Realmente tenías ganas de quedarte en el parque. Tenemos que irnos ya y eso te enfada mucho. Ahora te voy a coger en brazos y nos vamos a marchar.» Puede que incluso se ponga violento o llore, pero es muy importante que te mantengas en calma, que cuando le hables te pongas a su nivel y que tu tacto sea firme, pero nunca violento ni perdiendo el control.

Si te pega, mantén la calma. Respira profundamente y piensa que estás invirtiendo en su educación y salud mental a largo plazo, que es por supuesto lo más importante, mucho más que llegar a la hora a clases de música o a hacer la compra. Ante la violencia, firmeza. «No te puedo dejar que me pegues. Veo que estás muy enfadado y que tienes ganas de hacerme daño, pero no te puedo dejar que lo hagas, así que te voy sujetar el brazo.»

Y por supuesto nada de amenazas, ni de marcharte dejándole atrás, ni castigos, ni gritos, nada de violencia y nada de chantajear con nuestras propias emociones («mamás se pone triste si no le haces caso»).

Paciencia. Empatía. Firmeza. Calma. Es muy muy difícil. Y requiere mucho tiempo, pero te prometo que después de un par de semanas, aunque puede que sea algo más, sobre todo si algún día pierdes los papeles, tu hijo se marchará del parque sin ningún problema.

Y tú, ¿consigues que tu hijo se marche del parque sin llorar?