La mente absorbente – Capítulo 17

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 17. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla del paso de la mente absorbente inconsciente a la consciente y explica por qué los juguetes no están bien enfocados para el desarrollo real del niño.

El tipo de desarrollo del que llevamos hablando en toda esta serie de artículos, continúa hasta los 3 años. Es una etapa creativa, pero también olvidada. La mayoría de las cosas que ocurren en este periodo las olvidamos. En esta fase ocurren hitos que aparecen de manera aislada e independiente: el lenguaje, el movimiento de los brazos, el movimiento de los pies. Todo se desarrolla, pero sin unión, cada una por su lado y de forma completa.

Cuando cumplen los tres años es como si la vida comenzara de nuevo, ya que aparece la consciencia. Aparece también la memoria. Después de los tres años se desarrollan las facultades.

Es importante darse cuenta de que la sociedad necesita conocer estos aspectos de la mente del niño porque sino pondremos más obstáculos a su desarrollo. Durante el periodo hasta los tres años el niño está bajo el cuidado del adulto porque no puede abastecerse y los adultos, si no tenemos conocimientos de la mente del niño podemos convertirnos en dificultad más que en ayuda.

Después de los tres años el niño ha adquirido ciertas facultades que le permiten defenderse porque puede hablar. Si siente que el adulto le oprime, puede marcharse o tener una rabieta. Sin embargo su objetivo no es defenderse, sino conquistar el entorno. El periodo de los 3 a los 6 años es un periodo de construcción consciente, en el que utiliza las facultades que ha creado que salen a la superficie mediante las experiencias que conscientemente lleva a cabo en el entorno. Estas experiencias no son juego ni son al azar, son trabajo. La mano, guiada por la inteligencia hace el trabajo. En esta segunda etapa sigue sus deseos y muestra actividad con sus manos.

Aunque este periodo es un periodo de perfeccionamiento, sigue absorbiendo el entorno. La mente absorbente continua, pero sus manos y sus experiencias le ayudan a desarrollar y mejorar las facultades que ya tenía. Si vemos a un niño en esta etapa veremos que está siempre trabajando, feliz y con las manos ocupadas.

Sin embargo el enfoque que se hace de lo que les damos a los niños para trabaja parece casi una burla. Los juguetes se han vuelto tan importantes en occidente que la gente incluso piensa que ayudan a la inteligencia. Desde luego es mejor que nada, pero si miramos al niño nos daremos cuenta de que siempre quiere nuevos. El problema real es que el niño no tiene interés en ese tipo de juguetes porque no hay realidad en ellos. Cuanto más tiempo pasa en un entorno lleno de juguetes menos capaz será de adaptarse al entorno real. Es en esta etapa de los 3 a los 6 cuando intenta perfeccionarse a través de la imitación de los adultos y su consciencia se desarrolla a través de las experiencias de la vida y se las negamos.

Llénales el entorno de objetos que puedan utilizar para realizar las mismas acciones que los adultos de su cultura y comunidad. Dale motivos para la actividad con objetos hechos a su medida que utilizamos habitualmente en casa o en el exterior.

Una vez que se le dan cosas reales a un niño, no solo son más felices y están más preparados, sino que muestran una personalidad diferente. Sobre todo se ve claramente la independencia. La busca incesantemente. Niega la ayuda, quiere estar solo.

La vida social y el desarrollo de la personalidad llega de manera espontánea. La felicidad del niño no es el objetivo, sino que sea el constructor del adulto, independiente, trabajador y experto en su entorno.

Por qué hemos decidido practicar colecho esta vez.

Y si, digo esta vez porque con Mateo no lo hicimos. Pero las cosas han cambiado, la situación es diferente y en realidad también tengo más conocimientos de los que tenía.

La principal razón es mi propia comodidad. Así de egoísta como suena. La situación ha cambiado bastante con respecto a hace 4 años porque ahora está Mateo y antes sólo estaba Mateo (creo que me explico). Yo necesito funcionar durante el día y ya no me vale con dormir cuando el bebé duerme. Hay otro niño que necesita tener sus necesidades satisfechas y que requiere del amor, cariño y estabilidad mental de su madre. Y para eso yo tengo que dormir. No hay más.

Algo que ha impulsado esta decisión también es el hecho de que Jaime coge el pecho estando yo tumbada, porque el párrafo anterior no tendría sentido si tuviese que darle el pecho sentada como tenía que hacerlo con Mateo. Así que me aseguré en cuanto nació Jaime de intentar muy insistentemente que cogiera el pecho mientras estaba tumbada, en previsión de las noches largas y los días largos también.

Y que queréis que os diga. En el fondo ya colechaba. A Mateo desde que ya es un poco más mayor le dejamos casi siempre dormir en nuestra cama si nos lo pide, y de hecho cuando vamos a casa ajenas (a casa de los padres de Sergio, a un hotel o a una casa de vacaciones) nunca hemos pedido cuna ni habitación para él, siempre ha dormido con nosotros.

Es posible que simplemente no colecharamos desde el inicio por el qué dirán y por las malas lenguas, sí. Lo admito.

No es que ahora me arrepienta de ello, porque una vez que ya eres madre y te empieza a importar poco o nada lo que opinen de ti (algunas veces), pues haces lo que te pide el cuerpo. Y a mi me gusta achuchar a mis bebés. Dormir juntos y despertarnos juntos.

Y creo que a la relación de pareja le viene más bien que mal, siempre y cuando se cuide y se quiera y se priorice a la otra persona lo suficiente.

Creo que el colecho está muy criticado, pero por gente que no colecha ni lo ha intentado nunca. Creo que el colecho está criticado desde las bocas de gente que igual le hubiese gustado hacerlo, pero prefierió seguir las normas. Creo que el colecho está criticado por gente que no tiene hijos o hace mucho que los tuvo.

Si quieres colechar, colecha. Si quieres dar la teta, dala. Si quieres dar biberón, dalo. Si quieres educar a tu hijo en casa, hazlo. Que hagas lo que te de la gana, vamos.

La mente absorbente – Capítulo 16

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 16. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la importancia del ciclo de actividad y de cómo debemos enfocar el caminar con niños.

El año y medio es una edad muy importante en la educación del niño ya que es el momento en el que las extremidades inferiores y superiores coinciden en desarrollo. Además a los dos años llega una explosión de lenguaje y es por esto que al año y medio ya está realizando esfuerzos para expresarse. Es una época de esfuerzo y de construcción. Es muy importante que en esta época del año y medio a los dos años se tenga especial cuidado para no destrozar el desarrollo del niño. Es un periodo de máximo esfuerzo que debe ser apoyado y además empieza a tener tendencia a la imitación, pero para ello primero tiene que entender.

Sin embargo la naturaleza no se preocupa por si hay perfección o no en los adultos. Lo que le preocupa es que para imitar, el niño tiene que estar preparado y esta preparación es la que importa, y depende directamente del niño.

Si observamos a un niño en esta edad, nos daremos cuenta de que hace determinadas cosas. Cosas que para nosotros pueden parecer absurdas. Si vemos que el niño lleva a cabo actividades, aunque no las entendamos o no sea nuestro deseo que las hagan, siempre que no sean peligrosas no debemos interferir, por el niño necesita terminar su ciclo de actividad. Seguirán realizando este tipo de acciones una y otra vez hasta que se cansen. Hay veces que el adulto tiene ganas de ayudar en el esfuerzo al niño, pero esta ayuda lo único que hace es romper el ciclo de actividad y es una manera de reprimir al niño.

Estos ciclos de actividades puede que no tengan sentido en sí, pero el niño lleva a cabo actividades que le dan coordinación de sus propios movimientos. El objeto no es en sí el objetivo.

Es completamente natural que el niño tienda a andar. Un niño de alrededor de dos años puede andar hasta un kilometro y los puntos difíciles de un paseo son los más interesantes. La idea preconcebida de que los niños no pueden andar una distancia es resultado de que queremos que anden a nuestro ritmo.

Y es que volvemos a lo mismo de lo que hablábamos arriba. El propósito del niño no es llegar, sino andar. Sus piernas están desproporcionadas con el tamaño de su cuerpo y son mucho más pequeñas que las nuestras, por lo que no tenemos que hacer que el niño nos siga, si no que tenemos que seguirle a él. El niño tiene sus propias leyes de crecimiento y si le queremos ayudar a crecer, debemos seguirle, no imponernos. El niño no solo anda con las piernas, anda también con los ojos, por lo que las cosas interesantes a su alrededor son las que le hacen moverse. De esta manera puede andar kilómetros, ya que son paseos llenos de momentos de descanso y de información interesante.

La idea de moverse por el entorno de cosa interesante a cosa interesante forma parte de la naturaleza y de la educación. Todos los niños deberían caminar así. Cuanto más aprende, más anda.

Irse del parque sin que lloren. ¿Es posible?

Esta es una pregunta que ya me hicisteis en mi vídeo de preguntas y respuestas y que contesté brevemente, pero tenía ganas de dejarlo por escrito y por separado por aquí para redirigiros si me volvíais a hacer esta pregunta.

Y es que este es un drama por el que pasamos muchas familias a la hora, no solo de dejar el parque, sino de marcharnos de un sitio en el que están a gusto.

Lo primero y lo más importante de todo es que tu actitud sea la correcta. No sirve de nada repetir 200 veces «venga, que nos vamos a casa» si entre repetición y repetición sigues charlando tranquilamente con las madres y padres del parque. Tienes que reflejar una actitud de marcha: ponerte de pie, ir recogiendo cosas. No vale que la repetición 201 sea la de me enfado y a todo meter nos vamos. Los niños suelen tener especial problema con las transiciones y necesitan que les ayudemos.

Otra cuestión que suele dar problemas también es el hecho de que los niños no entienden bien el concepto del tiempo, por lo que decirles «10 minutos más» no significa absolutamente nada para ellos y no debes esperar que a los 10 minutos obedezcan sin rechistar. Un recurso similar que funciona mucho mejor es negociar cuantas veces más se pueden tirar por el tobogán o cuantas veces más le vas a dar en el columpio. En niños de dos años en adelante este concepto de contar tiene mucho más sentido y puede ser que consigas que se marchen al completar lo acordado.

Y digo negociar porque ya sabéis que bajo mi punto de vista el dar opciones es clave para evitar malos ratos. «¿Cuántas veces más te vas a tirar por el tobogán antes de irnos? ¿Qué te parecen 5?» Si el niño propone una cifra razonable, aunque sea mayor que la tuya, yo te recomiendo que la aceptes. Eso si, si quedáis en una cosa es lo que tiene que pasar. Si ya se ha tirado 7 veces por el tobogán y sigue sin querer marcharse hay que hacer algo más.

Yo empezaría con recordarle qué es lo que habíais quedado, pero nunca como una amenaza. «Ya nos hemos tirado 7 veces por el tobogán. Ahora es hora de marcharse.» Si el niño sigue sin reaccionar es el momento de actuar. Nada de repetir las cosas muchas veces. Una sola vez es suficiente. Se ha enterado. «Veo que te está costando un poquito marcharte del parque. Lo estabas pasando bien y te apetece estar un poco más. Es hora de irnos. ¿Necesitas que te ayude a bajar del parque o bajas tú?». Volvemos a dar opciones.

Si sigue sin querer irse del parque te toca ayudar. «Ahora voy a ayudarte a bajar del parque. Te voy a coger por las axilas y te voy a bajar al suelo. Ahora te voy a dar la mano y nos vamos a ir del parque.» Normalmente con esto es suficiente. Lo habitual es el que niño acepte que es el momento de marcharse y que te de la mano.

Si esto sigue sin funcionar tenemos que dar un pasito más. «Realmente tenías ganas de quedarte en el parque. Tenemos que irnos ya y eso te enfada mucho. Ahora te voy a coger en brazos y nos vamos a marchar.» Puede que incluso se ponga violento o llore, pero es muy importante que te mantengas en calma, que cuando le hables te pongas a su nivel y que tu tacto sea firme, pero nunca violento ni perdiendo el control.

Si te pega, mantén la calma. Respira profundamente y piensa que estás invirtiendo en su educación y salud mental a largo plazo, que es por supuesto lo más importante, mucho más que llegar a la hora a clases de música o a hacer la compra. Ante la violencia, firmeza. «No te puedo dejar que me pegues. Veo que estás muy enfadado y que tienes ganas de hacerme daño, pero no te puedo dejar que lo hagas, así que te voy sujetar el brazo.»

Y por supuesto nada de amenazas, ni de marcharte dejándole atrás, ni castigos, ni gritos, nada de violencia y nada de chantajear con nuestras propias emociones («mamás se pone triste si no le haces caso»).

Paciencia. Empatía. Firmeza. Calma. Es muy muy difícil. Y requiere mucho tiempo, pero te prometo que después de un par de semanas, aunque puede que sea algo más, sobre todo si algún día pierdes los papeles, tu hijo se marchará del parque sin ningún problema.

Y tú, ¿consigues que tu hijo se marche del parque sin llorar?

La mente absorbente – Capítulo 15

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 15. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori explica el desarrollo del movimiento hasta el año y medio y además relaciona la inteligencia con el trabajo de las manos.

Una cosa curiosa que ocurre en el ser humano es que nuestras extremidades se desarrollan diferente unas de otras lo que muestra que claramente tienen funciones diferentes. Para empezar todos sabemos lo que va a acabar haciendo una persona con sus piernas, pero no sabemos lo que acabará haciendo con sus manos. La función de los pies es biológica, pero está también conectada al desarrollo del cerebro.

La mano, sin embargo, no tiene una guía biológica y por lo tanto tiene una conexión psicológica, por lo que depende del psique para su desarrollo. El desarrollo de la mano está conectado con el desarrollo de la inteligencia y si echamos la vista atrás está relacionado también con el desarrollo de la civilización. Cuando las personas piensan, piensan y actúan con las manos. El desarrollo de la mano va codo con codo con el desarrollo de la inteligencia.

Todos los cambios en el entorno se han hecho con las manos. El propósito de tener inteligencia es prácticamente tener manos. Es por esto que el estudio del desarrollo del niño tiene que estar íntimamente relacionado con el estudio del desarrollo de la mano. La inteligencia a la que puede llegar un niño sin utilizar las manos es una, pero siempre será mayor si se utilizan. Además, los niños que pueden trabajar con las manos muestran un desarrollo y firmeza mayor en el carácter. La mano está conectada con la individualidad.

El desarrollo del movimiento está conectado con la vista, primero porque necesitamos ojos para ver donde poner nuestros pies y después trabajamos con nuestras manos, por lo que necesitamos saber lo que hacemos.

En el desarrollo de los niños primero hay observación del entorno. Esta observación se lleva a cabo antes de que se mueva y después va hacia el movimiento. El primer paso en este desarrollo es el agarre. Una vez que la mano agarra algo, aparece la consciencia que le llama a la mano. El agarre es inconsciente primero y después consciente. Esta consciencia ocurre con las manos, no con los pies. Llega un momento, entorno a los 6 meses, que el agarre se hace intencional.

A los 10 meses la observación del entorno despierta el interés y ya no solo quiere agarrar sino mantener en la mano. Aparece el deseo y el agarre porque si acaba. Después de esto comienza el ejercicio de la mano y empieza a cambiar la posición de los objetos: la mano afecta al entorno. Antes del año, el niño hace muchas acciones con la mano y a través de ejercitarlo el niño adquiere habilidad.

El entorno no tiene nada que ver con esto. El cerebelo lo ordena y el niño, con esfuerzo y ayuda, se sienta y se incorpora. Después el bebé se gira sobre su estómago y gatea. Cuando al final se pone de pie, apoya sus pies en el suelo y adopta la posición erecta y camina agarrándose, para después andar solo. Tras estos momentos, se consigue un nuevo avance hacia la independencia, y esto nos demuestra que la independencia y el desarrollo de las personas está ligado al esfuerzo.

El niño que es capaz de andar debe andar solo, porque todo el desarrollo se refuerza con el ejercicio. El adulto que continúa intentando ayudar se convierte en un obstáculo para el niño. Permítele andar y si sus manos quieren trabajar, dale motivos para la actividad inteligente.

Al año y medio llega el máximo esfuerzo. El contacto entre las manos y el equilibrio se produce. Aparece también una tendencia a intentar romper las leyes de la gravedad. Querrá trepar y para hacerlo utilizará sus manos.

El niño, que ya es capaz de andar, seguro de su fuerza, verá las acciones de las personas a su alrededor y tendrá tendencia a imitarlas. En este periodo de imitación el niño tiene mucha necesidad de copiar a los adultos y sólo seremos capaz de ver esto si le dejamos libertad para actuar.

Si no dejamos actuar al niño: le llevamos en brazos porque no puede andar, hacemos las cosas por él porque no puede trabajar, al final le mandamos señales de que es inferior.

Dentición en bebés – 3 trucos para ayudarle

Ya ha habido varias veces que os he hablado en mi canal de Youtube que me da la sensación de que Jaime está con los dientes. La realidad es que a pesar de que hace por lo menos dos meses que «empezó» todavía no ha roto ninguno, pero Jaime sigue rabioso, con ganas de morder y con mucha baba.

Y como estamos aprendiendo mucho, me apetecía contaros un poco qué es lo que estamos haciendo nosotros para facilitarle un poco esta época de manera respetuosa.

  1. Ofrecerle mordedores: La manera en la que hacemos esto es dándole opciones, no simplemente metiéndole uno en la boca. Cuando le veo que quiere morder algo que no es adecuado (un juguete de su hermano, mi pelo, su mano o un paquete de toallitas) le digo algo así como: «Veo que tienes ganas de morder. El paquete de toallitas no es para morder. Te voy a traer algo para que puedas hacerlo.» En ese momento le ofrezco dos mordedores o objetos que sean más seguros para morder y los pongo delante de su cara suficientemente separados. En principio con su mirada (y depende de la edad las manos) podréis saber cuál ha elegido. Si no tiene el agarre suficientemente ejercitado, se lo colocais en la mano. en caso contrario él mismo lo agarrará y se lo llevará a la boca.
  2. Acompañarle en las frustraciones: Con los mordedores hay veces que les entra una rabia terrible, y gritan y se frustran por no conseguir aliviar el dolor. La mentalidad debe ser la de acompañar en la emoción y no tanto solucionarla. «Veo que estás enfadado. Te gustaría poder morder con más fuerza ese pez.» Y nada más. Ni sujetárselo, ni metérselo más para dentro. Nada. Muchas veces los niños con sentirse comprendidos es suficiente.
  3. Hazle un masajito en las encías: Lo importante con los bebés es tener pies a diferentes momentos. Por ejemplo, cuando quiero empezar a hacer yoga con Jaime, froto las manos encima de su pecho. Si sonríe o mueve las extremidades se que le apetece, si no lo hace se que no. Pues lo mismo con el masajito. Buscad un gesto que no hagáis habitualmente para que sepa que es el pie a hacer un masaje. Un circulito en la barbilla, tocarle las mejillas. Al principio no lo entenderá hasta que lo hagas varias veces y luego será completamente capaz de comunicarte si le apetece o no. En el momento del masaje, movimientos circulares con ligera presión.

Y estos son mis 3 trucos para facilitarles la salida de los dientes desde la crianza respetuosa.

¿Tienes algún truco para ayudar a tu bebé?

La mente absorbente – Capítulo 14

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 14. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori habla sobre el movimiento y su relación con el desarrollo de la inteligencia y cómo hoy en día hemos olvidado esa relación, manteniendo a los niños inmóviles cuando aprenden.

Tristemente, el movimiento se considera menos importante de lo que es, sobre todo en el caso del niño y se olvida habitualmente en los colegios dando más importancia al cerebro. El único momento en el que hay algo de movimiento en en Educación Física, que está curiosamente desligada del cerebro y la inteligencia.

Sin embargo los músculos están estrechamente relacionados con el cerebro, ya que son el final del sistema nervioso. Sin los músculos la expresión del pensamiento no tendría lugar. Hay que tener en cuenta a los músculos, ya que la manera del sistema nervioso de ponerse en contacto con las personas con el entorno.

Si tenemos un cerebro, sentidos y órganos destinados al movimiento, deben funcionar y ser ejercitados en su totalidad para que el resto de partes funcionen correctamente.

El error que cometemos hoy en día es pensar que lo físico va separado de lo mental, pero la realidad es que van unidos y que debemos incluir trabajo físico. Si consideramos el trabajo físico por un lado y el mental por el otro rompemos un círculo y las acciones de las personas quedan separadas del cerebro. El movimiento es la expresión del cerebro.

Aún así seguimos viendo como la mayoría de la gente cuando piensa en desarrollo mental se imagina a todos los niños sentados, sin moverse. El nuevo concepto que Montessori presenta aquí remarca la importancia del movimiento como ayuda para el desarrollo del cerebro una vez que se ponen en relación. Sin movimiento no hay progreso ni tampoco salud. El niño desarrolla su mente usando sus movimientos.

El mecanismo del movimiento es muy complicado y no está preestablecido al nacer en el caso de los humanos, por lo que debe ser creado y conseguido a través de experiencias con el entorno. Las personas podemos conseguir cualquier movimiento, por lo que hay que coordinarlos y esta coordinación no es algo que nos venga dada sino que hay que trabajarla también. Por lo tanto el niño crea el movimiento y lo perfecciona.

La naturaleza nos da muchos músculos para que decidamos utilizarlos para lo que necesitamos y nuestro psique puede dirigir y crear cualquier desarrollo. Nada está establecido, todo es posible con la dirección adecuada.

Nuestro propósito debe ser que os niños desarrollen la coordinación de los movimientos necesaria para su vida psíquica: enriquecer el lado practico y ejecutivo de la vida psíquica. Como el movimiento es tan necesario para la vida humana de las relaciones con el entorno y otros humanos, es a este nivel al que el movimiento debe ser desarrollado.

El movimiento es lo que diferencia la vida de las objetos inanimados, pero la vida se mueve con un propósito y de acuerdo con unas leyes. Cada individuo tiene sus propias características y tiene su propósito.

El trabajo y el movimiento es uno y esto debe ser una cuestión social. La sociedad está formada por un conjunto de individuos, cada uno moviéndoselo hacia su objetivo. Todo el mundo debería moverse con un objetivo mayor, no sólo para uno mismo sino también para los demás.

El aburrimiento y el verano. ¿Qué hago con mis hijos?

Una de las dudas que surgen cuando llega el verano es si deberíamos llenar de actividades el tiempo libre de nuestros hijos. ¿Debería apuntarle al campamento de verano de turno? ¿Es mejor que esté en casa jugando? ¿Busco un término medio?

Hay que tener en cuenta que es el tiempo de descanso de nuestros hijos, por lo tanto es importante la libertad, que es algo que en realidad la mayoría ya lo cumplimos. Es llegar el verano y nos cuesta planificar y en consecuencia a veces les cuesta la falta de rutina y la poca estructura. Sin embargo esto no tiene porque ser necesariamente negativo ya que es un momento en el que les permitimos seguir sus intereses y enseñarles a manejar su tiempo.

Los niños adoran la rutina, debido de hecho al periodo sensible del orden, lo cual puede provocar que el verano se convierta en un desastre de rabietas y malos días si está todo muy desestructurado. El término medio es el perfecto.

Lo que hace posible la libertad es encontrar la estructura, pero no debe ser muy estricta. Es importante tener una rutina diaria y aunque luego tengáis días fuera de rutina, es bueno tenerla como base para los días más caseros. Esto les ayuda a tener un ritmo y saber qué esperar del día. Les da confianza.

Otra práctica que tiene muy buenos resultados es marcarse unos objetivos para el verano. Pueden ser muchas cosas: aprender a andar en bici, leer un número determinado de libros, visitar algún lugar de vuestra ciudad que llevéis tiempo diciendo que queréis visitar. Las posibilidades son muchas.

Una buena idea es tener preparadas actividades para hacer juntos, pero también para que lo haga él solo, cuando haya algún momento de crisis de aburrimiento que no se pueda solucionar.

De cualquier manera no quiero que eso suene a que hay que tener a los niños siempre entretenidos, es bueno que se aburran. El aburrimiento fomenta la creatividad e imaginación y además desarrolla la autonomía ya que tienen que buscar en qué pasar el tiempo.

Yo os animaría a que no utilicéis pantallas y que fomentéis más el juego al aire libre y con contacto con la naturaleza. De hecho tengo pendiente hacer un vídeo sobre naturaleza y niños próximamente.

Os dejo por aquí alguna ideita por si necesitáis:

  • Poner un puesto de limonadas
  • Hacer helado casero
  • Jugar con plastilina
  • Escribir una carta/hacer un dibujo para los abuelos
  • Ver una lluvia de meteoritos
  • Hacer pompas de jabón
  • Pelea con globos de agua
  • Ir a ver un concierto o verbena al aire libre
  • Pijamada con amigos o primos
  • Noche de pelis hasta más tarde de lo normal
  • Senderismo
  • Viaje a la playa
  • Ir a un parque acuático
  • Ver fuegos artificiales
  • Hacer una barbacoa
  • Visitar un museo
  • Ver una puesta de sol
  • Ir a recoger moras
  • Dormir a la intemperie
  • Andar en bici por el campo
  • Teñir camisetas blancas con colores
  • Ir a una protectora de animales
  • Ir a las barracas

Si tenéis más ideas ¡dejadme en comentarios!

La mente absorbente – Capítulo 13

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 13. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de los defectos que se pueden producir a raíz de la adquisición del lenguaje.

El comienzo del habla de todos los idiomas es el mismo: primero comienzan haciendo esfuerzos por hablar, sus primeras interjecciones, exclamaciones. Después juntan dos sonidos y las sílabas se forman y después tres para formar las primeras palabras. Las primeras frases aparecen con poquitas palabras cuyo significado no queda del todo claro. Una vez se pasa esta última etapa se produce una gran explosión en el lenguaje. Y justamente antes de cumplir los dos años empiezan a colocar las palabras en orden y se produce una gran explosión de frases y de pensamientos.

Para poder expresar sus pensamientos, el niño tiene que hacer mucho esfuerzo. Como muchas veces el adulto no entiende lo que quiere decir el niño, aparecen en esta etapa las primeros momentos de rabia y de alterarse. Estas rabietas formas parte de la vida del niño, ya que si todo el esfuerzo que realiza no le lleva a transmitir lo que quiere, aparece la frustración.

La conquista del lenguaje es complicada y es un paso enorme hacia la independencia y termina con la libertad de expresión, pero estos momentos cumbre siempre llevan a su lado el peligro de regresión.

Una de las características de este periodo de la mente absorbente es que toda impresión recibida tiene tendencia a quedarse permanentemente registrada, por lo que si hay obstáculos en este periodo se quedarán permanentemente. La reacción a estos obstáculos se absorbe exactamente igual que todo lo demás en el desarrollo.

Es por esto que en esta etapa no solo tenemos el desarrollo del carácter, sino que también se desarrollan ciertas características psíquicas que los niños manifestaran conforme vayan creciendo. El lenguaje y el caminar son dos cosas que se adquieren en esta etapa. La adquisición de estas dos facultades se produce hasta los dos años y medio y aunque continúan después de esto lo hacen con menor intensidad. Muchos d ellos defectos que presenta la gente adulta están atribuidas a esta época de la vida.

Es importante que esta explosión de expresión de pensamientos vaya acompañada de libertad de expresión ya que está relacionada con la vida futura del adulto. En caso de no ser así se denomina mutismo psíquico y se produce tras una oposición fuerte y persistente que impidió al niño en su día el desarrollar al máximo el lenguaje.

Existen épocas diferentes de adquisición del lenguaje y a cada época le corresponde una posible regresión.

  1. La mecánica de las palabras se adquiere. Regresión posible: tartamudez.
  2. La mecánica de las frases se adquiere. Regresión posible: dudas en la formulación de sus pensamientos.

Estas regresiones están relacionadas con la sensibilidad del niño. Si es sensible para adquirir, también lo es para percibir los obstáculos que sean muy duros para él.

Por todo esto es muy importante esforzarse especialmente en tener comportamientos no violentos. E incluso se debe exagerar, ya que lo que no es violento para nosotros lo puede ser para el niño. Debemos estudiarnos a nosotros mismos. El niño en esta etapa es muy sensible.

No deben reprimirse las rabietas, ya que el niño que las tiene ha encontrado la manera de defenderse y defender sus pensamientos y puede llegar al desarrollo normal, pero cuando un niño reacciona cambiando su carácter esto le puede afectar para el resto de su vida.

De hecho nuestras acciones no solo se reflejan en los comportamientos del niño, sino que aparecerán en el adulto en el que ese niño se va a convertir. Esta época de la vida del niño es muy importante para el resto de su vida y para la humanidad. Es muy importante empezar a estudiar más al niño de esta edad e intentar penetrar en su mente.

Debemos intentar facilitar las cosas al niño a la hora de expresarse y esto será eternamente agradecido por ellos. No con afecto necesariamente sino con esperanza por su parte, ya que ha encontrado a alguien que le puede abrir las puertas al mundo y creará una fuerte relación por encima del afecto.

El niño en esta etapa se caracteriza por una enorme paciencia a la hora de expresarse (a pesar de las rabietas insiste de manera persistente en comunicarse) y por una pasión por el orden (periodo sensible del orden) y esto es algo que tenemos que tener siempre muy en cuenta. Hay una vida mental que no vemos.

  1. La educación en los primeros dos años de vida es de vital importancia para el resto de la vida.
  2. El niño está dotado con una inteligencia enorme de la que no nos damos cuenta.
  3. El niño tiene una sensibilidad extrema que puede acarrear defectos que serán incorporados en su personalidad si les sometemos a cualquier tipo de violencia.

Móviles visuales Montessori

Muchas veces cuando hablamos de la línea de móviles visuales Montessori la gente se confunde con el propósito que tiene en realidad este material para bebés. Y es que comparte nombre con los famosos móviles para bebés que venden en grandes superficies cuyo propósito es justamente el contrario al de los móviles Montessori: entretener, distraer o dormir al bebé.

Los móviles visuales Montessori siguen el desarrollo del niño y sus capacidades visuales en cada momento: empezar a ver los colores, distinguir matices, profundidades y el movimiento de los objetos entre otras cosas. Además ayuda a desarrollar la concentración y es una manera de participar de forma activa en el desarrollo de tu hijo. Utilizar móviles Montessori no va a hacer que tu hijo vea antes o desarrolle capacidades antes de lo que le toca.

El bebé claramente responde a los móviles y coordina cuerpo y movimiento interaccionando con el móvil e incluso intentando tocarlo. Se ve muy fácil si el niño está o no interesado. En el caso de que veas que no lo está, retirar, esperar un par de días y volver a ofrecerlo. Es importante observar y utilizar la intuición.

Los móviles se colocan en la zona de actividad, no en la de sueño ni en el cambiador y es muy buena idea que haya un espejo al lado para que puedan observar sus movimientos y empiecen a coordinarlos. El móvil se coloca a 25-30 cm de la cara del bebé, aunque cuando ya empiezan a mover las manos y querer tocarlo se puede poner más bajito y utilizarlos como móviles táctiles.

Es importante que cuando son pequeños se pongan durante pocos minutos y es muy interesante que el adulto se quede observando el tiempo que estén interaccionando con el móvil para que en el primer momento que haga amago de perder la concentración (mirar hacia otro lado o hacer algún ruidito) se le retire. Si ha llegado a llorar es demasiado tarde.

Por supuesto la guía que yo escribo aquí es completamente orientativa y aproximada en cuanto a edades y tiempo de concentración se refiere. Además los móviles se pueden alternar, por lo que el pasar al siguiente móvil no hace que se descarte directamente el anterior.

El móvil Munari es el primero en la línea de móviles visuales Montessori. Se presenta entre las 2 y las 4 semanas de vida. Al nacer los bebés ven borroso, pero distinguen la luz, el movimiento y los contrastes. Este móvil aguanta unas 3 semanas y los bebés suelen estar como máximo 15 minutos concentrados.

El móvil de los octaedros se presenta entre las 4 y las 6 semanas de vida. En este momento los bebés no distinguen matices, pero si colores vivos. Suele ser un éxito entre los bebés. Como máximo aguantan 20-25 minutos.

El móvil de Gobbi es uno de los más reconocibles de la pedagogía Montessori. Se presenta entre las 6 y las 7 semanas de vida. Es el momento en el que los bebés ya distinguen los matices de un mismo color e introduce la profundidad. La concentración se puede mantener unos 30 minutos.

El móvil de los bailarines es el único que no hemos utilizado con Jaime, ya que no me dio tiempo a hacerlo. Se presenta entre la semana 10 y la semana 14. Representa cuatro figuras humanas bailando en el aire. Está hecho en papel holográfico por lo que se mueve muy fácilmente con la brisa, es muy ligero. Ayuda a empezar a seguir con la mirada objetos. Concentración aproximada 30 minutos.

De las 14 semanas en adelante se pueden presentar móviles visuales más complejos. Recomendable siempre que las imágenes sean reales y que en la medida de lo posible sean objetos que vuelen en la realidad (globos de cumpleaños, globos aerostáticos, pájaros, mariposas, insectos, etc). Es un móvil que ya se presenta con la visión muy madura y les llama mucho la atención.

Grabé en mi canal de Youtube un vídeo relacionado con el tema, que os dejo por aquí por si queréis verlo.