La mente absorbente – Capítulo 4

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el cuarto capítulo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo, Montessori habla de cómo la construcción del psique sigue el mismo orden que la construcción física en el útero materno y de la importancia de los periodos sensibles.

El niño está encaminado hacia la vida porque su propósito es la construcción del hombre en toda su fuerza. Toda la vida del niño es el progreso hacia la perfección y esta tarea le proporciona felicidad. Esta actividad le ayuda a adquirir inteligencia y fuerza. No hay competición posible ya que nadie puede hacer su trabajo más que él mismo, nadie puede crecer por él.

El niño tiene contacto con el adulto desde antes de nacer, ya que se encuentra en el cuerpo de la madre. La vida del niño empieza en el adulto y termina en el adulto.

El cuerpo se desarrolla según un determinado plan, pero también lo hace el psique. Empieza de la nada, al igual que el cuerpo empieza de una célula primitiva. Al principio realiza una acumulación de «material» o información durante el periodo de la mente absorbente a través los periodos sensibles. A través de ellos se forman «los órganos» del psique y cada uno de ellos se desarrolla de manera independiente, al igual que ocurre en el cuerpo. Estos periodos sensibles son tan precisos, que llaman al individuo a llevar a cabo determinadas acciones y a fijarse en determinadas cosas. Ninguna de estas sensibilidades ocupan todo el tiempo, sino sólo parte, el tiempo suficiente para que se construya este «órgano». Una vez se construye, la sensibilidad desaparece. Cuando todos los órganos están formados, se unen para crear al individuo en su faceta psíquica.

Una vez que conocemos de la existencia de estos periodos sensibles, la actitud hacia la infancia cambia ya que podemos ayudarles a su desarrollo psíquico mucho mejor cuando sabemos que está en uno de ellos.

La educación desde el nacimiento, como decía Montessori, significa que necesariamente tenemos que proteger de manera consciente las necesidades psíquicas del niño. La educación debe proteger la vida y llegar hasta la protección del recién nacido.

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