La mente absorbente – Capítulo 7

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo séptimo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo, Montessori habla de la universalidad del hombre y cómo es el niño el instrumento para que se lleve a cabo esta universalidad.

Existen varias cosas que nos diferencian de los animales, entre ellas la capacidad de hacer un montón de movimientos diferentes, el trabajo con las manos y la variedad de lenguajes. Todas estas capacidades no están presentes en el niño y se adquieren durante la infancia, por lo que todo lo que el hombre es ha sido conquistado por el niño que un día fue.

Otra de las cosas que llaman la atención del hombre con respecto a los animales es su capacidad de adaptación al entorno, ya que toda la Tierra está poblada. Sin embargo, si consideramos a los adultos son unos de los seres vivos con menor capacidad de adaptación, ya que estamos apegados a nuestro lugar de origen y no solo esto si no al momento de la historia en el que vivimos.

La solución está en el niño, que es instrumento de la adaptabilidad de la humanidad. El niño, nacido sin ninguna capacidad, no solo las adquiere sino que se adapta a las condiciones de su entorno y esto ocurre gracias a la psique del niño, que es completamente diferente de la psique del adulto.

El niño no se adapta al entorno, absorbe el entorno. No recuerda las cosas que ve sino que forma parte de si mismo. Este tipo de memoria vital no recuerda conscientemente le llaman Mneme. El niño tiene una sensitividad absorbente hacia todo lo que haya a su alrededor y es así como se adapta: tiene un poder inconsciente.

El primer periodo de la vida es el de la adaptabilidad. Su adaptabilidad biológica es la que le permite adaptarse al lugar en el que nace: socialmente y climatológicamente. Así es como crea al individuo típico en su raza. El niño crea un comportamiento que concuerda tanto con su tiempo como con su sitio y también con la mentalidad del sitio. También crea la personalidad y los sentimientos en general.

Lo que se forma en el niño no se puede destruir nunca. Este Mneme no solo forma características sino que las mantiene vivas en el individuo: por mucho que este cambie se quedarán en su personalidad.

Si queremos darles nuevas ideas a la gente, si queremos cambiar los hábitos y las costumbres de un país o si queremos acentuar más determinadas características en en determinadas personas tenemos que utilizar como instrumento al niño, ya que en los adultos se puede hacer muy poco. La creación de la humanidad se produce en el niño. Construyen con lo que les damos.

Si cogemos a niños de 3 años o menos y creamos a su alrededor una atmósfera de entusiasmo, de dignidad, de actividad en una generación podemos cambiar el carácter del mundo. Pero para influenciarlos lo tenemos que hacer a través del entorno porque el niño absorbe el entorno y lo encarna en si mismo.

No se puede crear al hombre, pero si se le puede hacer más perfecto actuando en el embrión psíquico. Esto le da mucho poder al adulto y a la educación porque les da control sobre el crecimiento y el desarrollo psíquico. El niño da esperanza y visión de futuro.

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