La mente absorbente – Capítulo 9

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo noveno. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la conquista de la independencia y cómo se va consiguiendo.

El desarrollo es la conquista de la independencia y esta conquista comienza desde el comienzo de la vida. Conforme va desarrollándose, se va perfeccionando a la vez que va superando obstáculos. La fuerza que hace que el niño vaya evolucionando se llama horme, que se relaciona con la fuerza de voluntad, pero esta última es algo claramente consciente, mientras que el horme es algo innato a la evolución, que le incita al niño a hacer ciertas cosas felizmente.

Nada más nacer se hace patente esta primera conquista de la independencia al separarse del útero materno y ya no depende de las funciones de su madre sino de las suyas propias y aparece en él una necesidad de conocer el entorno y absorberlo. El niño ama el entorno.

Una muestra clara de esta necesidad es que los primeros órganos que funcionan en el bebé son los órganos de los sentidos. Pero no analizan sonido pro sonido ni objeto por objeto. El psique de un niño normal primero toma el mundo y después lo analiza.

A los 6 meses se producen una serie de transformaciones y también es cuando aparece el primer diente. Además puede vivir sin la leche de su madre o al menos se puede suplementar con otras cosas. Este es otro paso más hacia la independencia. También a los 6 meses dicen sus primeras sílabas que se desarrollarán hasta formar las primeras palabras, lo que significa también una gran independencia por la posibilidad que abre al niño de poder comunicarse con otros.

Al año de vida el niño ya es capaz de andar, lo cual es uno de los mayores pasos hacia la independencia. Una de las cosas que lo posibilitan es una parte del cerebro llamado cerebelo que está situado en la parte baja del cerebro y es a partir de los seis meses que se desarrolla muy rápidamente y continua así hasta los 14-15 meses. Después se ralentiza, pero continúa desarrollándose hasta que tiene 4 años y medio. Otra de las cosas que posibilitan el andar es un conjunto de nervios y también el desarrollo del esqueleto.

Si quisiéramos enseñar al niño a andar antes de tiempo no podríamos ya que el hecho de andar depende de una serie de desarrollos físicos. La naturaleza es la que dirige. Si quisiéramos frenar al niño que ha empezado a andar y no le dejáramos sería imposible, porque una vez que un órgano se desarrolla, debe utilizarse. El niño sólo se puede desarrollar mediante la experiencia en el entorno.

Eso si, aunque el desarrollo del niño no puede destruirse, si que se puede mantener incompleto e incluso retrasar si no se le dan oportunidades de tener experiencias en el entorno. Por esto es importante darle al niño un ambiente que le permita desarrollar las funciones que la naturaleza le da. No se trata de darle lo que quiera, si no de cooperar con la naturaleza. De cualquier manera, el niño tiene tanta necesidad de hacerlo que nos pasamos la mayoría del tiempo restringiéndole el hacer cosas, lo cual no es más que luchar con la naturaleza.

Entonces llega un momento en el que la voluntad quiere tener independencia también. Empezará a buscar desarrollar su mente mediante experiencias propias y a buscar la razón de las cosas. La individualidad del ser humano se construye durante este periodo de la infancia. Solamente mediante la libertad y las experiencias en el entorno que el ser humano se desarrolla.

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