La mente absorbente – Capítulo 15

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 15. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori explica el desarrollo del movimiento hasta el año y medio y además relaciona la inteligencia con el trabajo de las manos.

Una cosa curiosa que ocurre en el ser humano es que nuestras extremidades se desarrollan diferente unas de otras lo que muestra que claramente tienen funciones diferentes. Para empezar todos sabemos lo que va a acabar haciendo una persona con sus piernas, pero no sabemos lo que acabará haciendo con sus manos. La función de los pies es biológica, pero está también conectada al desarrollo del cerebro.

La mano, sin embargo, no tiene una guía biológica y por lo tanto tiene una conexión psicológica, por lo que depende del psique para su desarrollo. El desarrollo de la mano está conectado con el desarrollo de la inteligencia y si echamos la vista atrás está relacionado también con el desarrollo de la civilización. Cuando las personas piensan, piensan y actúan con las manos. El desarrollo de la mano va codo con codo con el desarrollo de la inteligencia.

Todos los cambios en el entorno se han hecho con las manos. El propósito de tener inteligencia es prácticamente tener manos. Es por esto que el estudio del desarrollo del niño tiene que estar íntimamente relacionado con el estudio del desarrollo de la mano. La inteligencia a la que puede llegar un niño sin utilizar las manos es una, pero siempre será mayor si se utilizan. Además, los niños que pueden trabajar con las manos muestran un desarrollo y firmeza mayor en el carácter. La mano está conectada con la individualidad.

El desarrollo del movimiento está conectado con la vista, primero porque necesitamos ojos para ver donde poner nuestros pies y después trabajamos con nuestras manos, por lo que necesitamos saber lo que hacemos.

En el desarrollo de los niños primero hay observación del entorno. Esta observación se lleva a cabo antes de que se mueva y después va hacia el movimiento. El primer paso en este desarrollo es el agarre. Una vez que la mano agarra algo, aparece la consciencia que le llama a la mano. El agarre es inconsciente primero y después consciente. Esta consciencia ocurre con las manos, no con los pies. Llega un momento, entorno a los 6 meses, que el agarre se hace intencional.

A los 10 meses la observación del entorno despierta el interés y ya no solo quiere agarrar sino mantener en la mano. Aparece el deseo y el agarre porque si acaba. Después de esto comienza el ejercicio de la mano y empieza a cambiar la posición de los objetos: la mano afecta al entorno. Antes del año, el niño hace muchas acciones con la mano y a través de ejercitarlo el niño adquiere habilidad.

El entorno no tiene nada que ver con esto. El cerebelo lo ordena y el niño, con esfuerzo y ayuda, se sienta y se incorpora. Después el bebé se gira sobre su estómago y gatea. Cuando al final se pone de pie, apoya sus pies en el suelo y adopta la posición erecta y camina agarrándose, para después andar solo. Tras estos momentos, se consigue un nuevo avance hacia la independencia, y esto nos demuestra que la independencia y el desarrollo de las personas está ligado al esfuerzo.

El niño que es capaz de andar debe andar solo, porque todo el desarrollo se refuerza con el ejercicio. El adulto que continúa intentando ayudar se convierte en un obstáculo para el niño. Permítele andar y si sus manos quieren trabajar, dale motivos para la actividad inteligente.

Al año y medio llega el máximo esfuerzo. El contacto entre las manos y el equilibrio se produce. Aparece también una tendencia a intentar romper las leyes de la gravedad. Querrá trepar y para hacerlo utilizará sus manos.

El niño, que ya es capaz de andar, seguro de su fuerza, verá las acciones de las personas a su alrededor y tendrá tendencia a imitarlas. En este periodo de imitación el niño tiene mucha necesidad de copiar a los adultos y sólo seremos capaz de ver esto si le dejamos libertad para actuar.

Si no dejamos actuar al niño: le llevamos en brazos porque no puede andar, hacemos las cosas por él porque no puede trabajar, al final le mandamos señales de que es inferior.

Dentición en bebés – 3 trucos para ayudarle

Ya ha habido varias veces que os he hablado en mi canal de Youtube que me da la sensación de que Jaime está con los dientes. La realidad es que a pesar de que hace por lo menos dos meses que «empezó» todavía no ha roto ninguno, pero Jaime sigue rabioso, con ganas de morder y con mucha baba.

Y como estamos aprendiendo mucho, me apetecía contaros un poco qué es lo que estamos haciendo nosotros para facilitarle un poco esta época de manera respetuosa.

  1. Ofrecerle mordedores: La manera en la que hacemos esto es dándole opciones, no simplemente metiéndole uno en la boca. Cuando le veo que quiere morder algo que no es adecuado (un juguete de su hermano, mi pelo, su mano o un paquete de toallitas) le digo algo así como: «Veo que tienes ganas de morder. El paquete de toallitas no es para morder. Te voy a traer algo para que puedas hacerlo.» En ese momento le ofrezco dos mordedores o objetos que sean más seguros para morder y los pongo delante de su cara suficientemente separados. En principio con su mirada (y depende de la edad las manos) podréis saber cuál ha elegido. Si no tiene el agarre suficientemente ejercitado, se lo colocais en la mano. en caso contrario él mismo lo agarrará y se lo llevará a la boca.
  2. Acompañarle en las frustraciones: Con los mordedores hay veces que les entra una rabia terrible, y gritan y se frustran por no conseguir aliviar el dolor. La mentalidad debe ser la de acompañar en la emoción y no tanto solucionarla. «Veo que estás enfadado. Te gustaría poder morder con más fuerza ese pez.» Y nada más. Ni sujetárselo, ni metérselo más para dentro. Nada. Muchas veces los niños con sentirse comprendidos es suficiente.
  3. Hazle un masajito en las encías: Lo importante con los bebés es tener pies a diferentes momentos. Por ejemplo, cuando quiero empezar a hacer yoga con Jaime, froto las manos encima de su pecho. Si sonríe o mueve las extremidades se que le apetece, si no lo hace se que no. Pues lo mismo con el masajito. Buscad un gesto que no hagáis habitualmente para que sepa que es el pie a hacer un masaje. Un circulito en la barbilla, tocarle las mejillas. Al principio no lo entenderá hasta que lo hagas varias veces y luego será completamente capaz de comunicarte si le apetece o no. En el momento del masaje, movimientos circulares con ligera presión.

Y estos son mis 3 trucos para facilitarles la salida de los dientes desde la crianza respetuosa.

¿Tienes algún truco para ayudar a tu bebé?

La mente absorbente – Capítulo 14

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 14. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori habla sobre el movimiento y su relación con el desarrollo de la inteligencia y cómo hoy en día hemos olvidado esa relación, manteniendo a los niños inmóviles cuando aprenden.

Tristemente, el movimiento se considera menos importante de lo que es, sobre todo en el caso del niño y se olvida habitualmente en los colegios dando más importancia al cerebro. El único momento en el que hay algo de movimiento en en Educación Física, que está curiosamente desligada del cerebro y la inteligencia.

Sin embargo los músculos están estrechamente relacionados con el cerebro, ya que son el final del sistema nervioso. Sin los músculos la expresión del pensamiento no tendría lugar. Hay que tener en cuenta a los músculos, ya que la manera del sistema nervioso de ponerse en contacto con las personas con el entorno.

Si tenemos un cerebro, sentidos y órganos destinados al movimiento, deben funcionar y ser ejercitados en su totalidad para que el resto de partes funcionen correctamente.

El error que cometemos hoy en día es pensar que lo físico va separado de lo mental, pero la realidad es que van unidos y que debemos incluir trabajo físico. Si consideramos el trabajo físico por un lado y el mental por el otro rompemos un círculo y las acciones de las personas quedan separadas del cerebro. El movimiento es la expresión del cerebro.

Aún así seguimos viendo como la mayoría de la gente cuando piensa en desarrollo mental se imagina a todos los niños sentados, sin moverse. El nuevo concepto que Montessori presenta aquí remarca la importancia del movimiento como ayuda para el desarrollo del cerebro una vez que se ponen en relación. Sin movimiento no hay progreso ni tampoco salud. El niño desarrolla su mente usando sus movimientos.

El mecanismo del movimiento es muy complicado y no está preestablecido al nacer en el caso de los humanos, por lo que debe ser creado y conseguido a través de experiencias con el entorno. Las personas podemos conseguir cualquier movimiento, por lo que hay que coordinarlos y esta coordinación no es algo que nos venga dada sino que hay que trabajarla también. Por lo tanto el niño crea el movimiento y lo perfecciona.

La naturaleza nos da muchos músculos para que decidamos utilizarlos para lo que necesitamos y nuestro psique puede dirigir y crear cualquier desarrollo. Nada está establecido, todo es posible con la dirección adecuada.

Nuestro propósito debe ser que os niños desarrollen la coordinación de los movimientos necesaria para su vida psíquica: enriquecer el lado practico y ejecutivo de la vida psíquica. Como el movimiento es tan necesario para la vida humana de las relaciones con el entorno y otros humanos, es a este nivel al que el movimiento debe ser desarrollado.

El movimiento es lo que diferencia la vida de las objetos inanimados, pero la vida se mueve con un propósito y de acuerdo con unas leyes. Cada individuo tiene sus propias características y tiene su propósito.

El trabajo y el movimiento es uno y esto debe ser una cuestión social. La sociedad está formada por un conjunto de individuos, cada uno moviéndoselo hacia su objetivo. Todo el mundo debería moverse con un objetivo mayor, no sólo para uno mismo sino también para los demás.

El aburrimiento y el verano. ¿Qué hago con mis hijos?

Una de las dudas que surgen cuando llega el verano es si deberíamos llenar de actividades el tiempo libre de nuestros hijos. ¿Debería apuntarle al campamento de verano de turno? ¿Es mejor que esté en casa jugando? ¿Busco un término medio?

Hay que tener en cuenta que es el tiempo de descanso de nuestros hijos, por lo tanto es importante la libertad, que es algo que en realidad la mayoría ya lo cumplimos. Es llegar el verano y nos cuesta planificar y en consecuencia a veces les cuesta la falta de rutina y la poca estructura. Sin embargo esto no tiene porque ser necesariamente negativo ya que es un momento en el que les permitimos seguir sus intereses y enseñarles a manejar su tiempo.

Los niños adoran la rutina, debido de hecho al periodo sensible del orden, lo cual puede provocar que el verano se convierta en un desastre de rabietas y malos días si está todo muy desestructurado. El término medio es el perfecto.

Lo que hace posible la libertad es encontrar la estructura, pero no debe ser muy estricta. Es importante tener una rutina diaria y aunque luego tengáis días fuera de rutina, es bueno tenerla como base para los días más caseros. Esto les ayuda a tener un ritmo y saber qué esperar del día. Les da confianza.

Otra práctica que tiene muy buenos resultados es marcarse unos objetivos para el verano. Pueden ser muchas cosas: aprender a andar en bici, leer un número determinado de libros, visitar algún lugar de vuestra ciudad que llevéis tiempo diciendo que queréis visitar. Las posibilidades son muchas.

Una buena idea es tener preparadas actividades para hacer juntos, pero también para que lo haga él solo, cuando haya algún momento de crisis de aburrimiento que no se pueda solucionar.

De cualquier manera no quiero que eso suene a que hay que tener a los niños siempre entretenidos, es bueno que se aburran. El aburrimiento fomenta la creatividad e imaginación y además desarrolla la autonomía ya que tienen que buscar en qué pasar el tiempo.

Yo os animaría a que no utilicéis pantallas y que fomentéis más el juego al aire libre y con contacto con la naturaleza. De hecho tengo pendiente hacer un vídeo sobre naturaleza y niños próximamente.

Os dejo por aquí alguna ideita por si necesitáis:

  • Poner un puesto de limonadas
  • Hacer helado casero
  • Jugar con plastilina
  • Escribir una carta/hacer un dibujo para los abuelos
  • Ver una lluvia de meteoritos
  • Hacer pompas de jabón
  • Pelea con globos de agua
  • Ir a ver un concierto o verbena al aire libre
  • Pijamada con amigos o primos
  • Noche de pelis hasta más tarde de lo normal
  • Senderismo
  • Viaje a la playa
  • Ir a un parque acuático
  • Ver fuegos artificiales
  • Hacer una barbacoa
  • Visitar un museo
  • Ver una puesta de sol
  • Ir a recoger moras
  • Dormir a la intemperie
  • Andar en bici por el campo
  • Teñir camisetas blancas con colores
  • Ir a una protectora de animales
  • Ir a las barracas

Si tenéis más ideas ¡dejadme en comentarios!