Irse del parque sin que lloren. ¿Es posible?

Esta es una pregunta que ya me hicisteis en mi vídeo de preguntas y respuestas y que contesté brevemente, pero tenía ganas de dejarlo por escrito y por separado por aquí para redirigiros si me volvíais a hacer esta pregunta.

Y es que este es un drama por el que pasamos muchas familias a la hora, no solo de dejar el parque, sino de marcharnos de un sitio en el que están a gusto.

Lo primero y lo más importante de todo es que tu actitud sea la correcta. No sirve de nada repetir 200 veces «venga, que nos vamos a casa» si entre repetición y repetición sigues charlando tranquilamente con las madres y padres del parque. Tienes que reflejar una actitud de marcha: ponerte de pie, ir recogiendo cosas. No vale que la repetición 201 sea la de me enfado y a todo meter nos vamos. Los niños suelen tener especial problema con las transiciones y necesitan que les ayudemos.

Otra cuestión que suele dar problemas también es el hecho de que los niños no entienden bien el concepto del tiempo, por lo que decirles «10 minutos más» no significa absolutamente nada para ellos y no debes esperar que a los 10 minutos obedezcan sin rechistar. Un recurso similar que funciona mucho mejor es negociar cuantas veces más se pueden tirar por el tobogán o cuantas veces más le vas a dar en el columpio. En niños de dos años en adelante este concepto de contar tiene mucho más sentido y puede ser que consigas que se marchen al completar lo acordado.

Y digo negociar porque ya sabéis que bajo mi punto de vista el dar opciones es clave para evitar malos ratos. «¿Cuántas veces más te vas a tirar por el tobogán antes de irnos? ¿Qué te parecen 5?» Si el niño propone una cifra razonable, aunque sea mayor que la tuya, yo te recomiendo que la aceptes. Eso si, si quedáis en una cosa es lo que tiene que pasar. Si ya se ha tirado 7 veces por el tobogán y sigue sin querer marcharse hay que hacer algo más.

Yo empezaría con recordarle qué es lo que habíais quedado, pero nunca como una amenaza. «Ya nos hemos tirado 7 veces por el tobogán. Ahora es hora de marcharse.» Si el niño sigue sin reaccionar es el momento de actuar. Nada de repetir las cosas muchas veces. Una sola vez es suficiente. Se ha enterado. «Veo que te está costando un poquito marcharte del parque. Lo estabas pasando bien y te apetece estar un poco más. Es hora de irnos. ¿Necesitas que te ayude a bajar del parque o bajas tú?». Volvemos a dar opciones.

Si sigue sin querer irse del parque te toca ayudar. «Ahora voy a ayudarte a bajar del parque. Te voy a coger por las axilas y te voy a bajar al suelo. Ahora te voy a dar la mano y nos vamos a ir del parque.» Normalmente con esto es suficiente. Lo habitual es el que niño acepte que es el momento de marcharse y que te de la mano.

Si esto sigue sin funcionar tenemos que dar un pasito más. «Realmente tenías ganas de quedarte en el parque. Tenemos que irnos ya y eso te enfada mucho. Ahora te voy a coger en brazos y nos vamos a marchar.» Puede que incluso se ponga violento o llore, pero es muy importante que te mantengas en calma, que cuando le hables te pongas a su nivel y que tu tacto sea firme, pero nunca violento ni perdiendo el control.

Si te pega, mantén la calma. Respira profundamente y piensa que estás invirtiendo en su educación y salud mental a largo plazo, que es por supuesto lo más importante, mucho más que llegar a la hora a clases de música o a hacer la compra. Ante la violencia, firmeza. «No te puedo dejar que me pegues. Veo que estás muy enfadado y que tienes ganas de hacerme daño, pero no te puedo dejar que lo hagas, así que te voy sujetar el brazo.»

Y por supuesto nada de amenazas, ni de marcharte dejándole atrás, ni castigos, ni gritos, nada de violencia y nada de chantajear con nuestras propias emociones («mamás se pone triste si no le haces caso»).

Paciencia. Empatía. Firmeza. Calma. Es muy muy difícil. Y requiere mucho tiempo, pero te prometo que después de un par de semanas, aunque puede que sea algo más, sobre todo si algún día pierdes los papeles, tu hijo se marchará del parque sin ningún problema.

Y tú, ¿consigues que tu hijo se marche del parque sin llorar?

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