La mente absorbente – Capítulo 16

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 16. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la importancia del ciclo de actividad y de cómo debemos enfocar el caminar con niños.

El año y medio es una edad muy importante en la educación del niño ya que es el momento en el que las extremidades inferiores y superiores coinciden en desarrollo. Además a los dos años llega una explosión de lenguaje y es por esto que al año y medio ya está realizando esfuerzos para expresarse. Es una época de esfuerzo y de construcción. Es muy importante que en esta época del año y medio a los dos años se tenga especial cuidado para no destrozar el desarrollo del niño. Es un periodo de máximo esfuerzo que debe ser apoyado y además empieza a tener tendencia a la imitación, pero para ello primero tiene que entender.

Sin embargo la naturaleza no se preocupa por si hay perfección o no en los adultos. Lo que le preocupa es que para imitar, el niño tiene que estar preparado y esta preparación es la que importa, y depende directamente del niño.

Si observamos a un niño en esta edad, nos daremos cuenta de que hace determinadas cosas. Cosas que para nosotros pueden parecer absurdas. Si vemos que el niño lleva a cabo actividades, aunque no las entendamos o no sea nuestro deseo que las hagan, siempre que no sean peligrosas no debemos interferir, por el niño necesita terminar su ciclo de actividad. Seguirán realizando este tipo de acciones una y otra vez hasta que se cansen. Hay veces que el adulto tiene ganas de ayudar en el esfuerzo al niño, pero esta ayuda lo único que hace es romper el ciclo de actividad y es una manera de reprimir al niño.

Estos ciclos de actividades puede que no tengan sentido en sí, pero el niño lleva a cabo actividades que le dan coordinación de sus propios movimientos. El objeto no es en sí el objetivo.

Es completamente natural que el niño tienda a andar. Un niño de alrededor de dos años puede andar hasta un kilometro y los puntos difíciles de un paseo son los más interesantes. La idea preconcebida de que los niños no pueden andar una distancia es resultado de que queremos que anden a nuestro ritmo.

Y es que volvemos a lo mismo de lo que hablábamos arriba. El propósito del niño no es llegar, sino andar. Sus piernas están desproporcionadas con el tamaño de su cuerpo y son mucho más pequeñas que las nuestras, por lo que no tenemos que hacer que el niño nos siga, si no que tenemos que seguirle a él. El niño tiene sus propias leyes de crecimiento y si le queremos ayudar a crecer, debemos seguirle, no imponernos. El niño no solo anda con las piernas, anda también con los ojos, por lo que las cosas interesantes a su alrededor son las que le hacen moverse. De esta manera puede andar kilómetros, ya que son paseos llenos de momentos de descanso y de información interesante.

La idea de moverse por el entorno de cosa interesante a cosa interesante forma parte de la naturaleza y de la educación. Todos los niños deberían caminar así. Cuanto más aprende, más anda.

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