¿Mis hijos juegan? – El juego en la pedagogía Montessori

Muchas veces me preguntan si mi hijo juega y se divierte. La verdad es que entiendo de dónde vienen estos comentarios, y es que a veces en las redes sociales queremos enseñar lo que hacemos que es diferente y a veces se puede dar justamente la imagen de que somos muy diferentes al resto de familias con hijos, cuando nos parecemos más de lo que piensa la mayoría.

Y sobre todo cuando hablamos de canales de educación y Montessori, como el mío, parece que es todo muy académico, y además sabiendo que intentamos evitar lo máximo posible la imaginación y la fantasía hasta los 6 años y que en Montessori prácticamente no hay juego simbólico, la gente se echa las manos a la cabeza pensando que mis hijos están haciendo fichas todo el día y aprendiendo cosas nuevas. Y entendedme. Mis hijos están todo el tiempo aprendiendo cosas nuevas, pero no es porque yo lo esté forzando.

Creo que el malentendido viene de el concepto que tenemos de trabajo en la sociedad. Suele tener definitivamente una connotación negativa y está relacionado con cosas importantes. Sin embargo el juego se entiende como que no sirve para nada. Es por esto por lo que se tiende a separar el juego del trabajo.

Desde la pedagogía Montessori se entiende que el juego es el trabajo del niño. De hecho creemos que el juego tiene un papel muy importante en la vida del niño.

Cuando se habla de trabajo, todas las actividades se consideran como tal, incluido el juego. Separar los dos no es beneficioso.

La educación tradicional entiende el aprendizaje colocando al profesor en el centro, dando explicaciones mediante libros de texto. Sin embargo en Montessori hay libertad de elección también en cuanto a trabajo, por lo que al elegir ellos mismos qué hacer, lo consideran juego. Además esta manera de trabajar hace que los niños tengan una independencia mayor lo que lleva a un mejor rendimiento académico.

Aunque también hay familias a las que les preocupa que se esté centrando tanto la vista en el juego y que no haya suficiente carga académica.

¿Por qué es tan importante el juego?

El juego es algo voluntario y espontáneo, que se hace desde el disfrute y que se hace con un propósito. Promueve la creatividad, la resolución de problemas, las habilidades sociales, de lenguaje y físicas. También ayuda a sobrellevar problemas emocionales.

Pero es importante que los juguetes sean de una determinada manera, no vale cualquier juguete.

Deben empujar a la creatividad, a usar su imaginación. Deben ayudarles a saber cómo funciona el mundo y a controlar su fuerza.

El juego es importante. Es lo más importante en la vida de los niños y niñas. Pero tiene que ser un juego con propósito con juguetes con sentido.

Por qué mis hijos van descalzos

Llevo mucho tiempo sin pasarme por aquí, pero me está costando esto de la vuelta al cole. ¡No me extraña que los niños y niñas pasen unos días (o meses) malos con el comienzo! Se supone que yo ya no estoy en el periodo sensible del orden y sin embargo estoy que me subo por las paredes y de todo menos organizada. ¡Y ya es octubre!

Hoy quería hablaros de la importancia de ir descalzo. Es una práctica que yo también sigo en casa (y fuera de casa cuando es apropiado también) y que por lo tanto rápidamente ha pasado a formar parte de lo habitual para mis hijos.

Pero ¿hay algo más detrás de la simple comodidad en el hecho de ir descalzos? Pues sí.

Ya escribí un post en mi instagram sobre el tema, pero hay muchos estudios que demuestran la importancia de ir descalzos durante la primera infancia para el desarrollo correcto del pie y sus huesos. Al ir descalzos el pie adopta posiciones que con un zapato es muy difícil que adopte y así fortalece los músculos de pie y tobillo. Nuestros pies son maravillosos y están preparados para que andemos descalzos por todo tipo de superficies. En la actualidad están completamente desaprovechados, por lo que intentar ir descalzos cuando es posible es la mejor opción.

Vamos, que andar descalzo no solamente no es malo, si no que es bueno.

Puede ser que te preocupe el mito de que se van a enfriar. Y sí, digo mito porque no es más que eso. El frío no entra por los pies y tampoco los resfriados. Los resfriados son consecuencia de virus, no de ir descalzos.

Ya os he hablado alguna otra vez de la mente absorbente del niño (y si no tenéis toda una categoría hablándoos de ella en el blog) y es que entre los 0 y los 6 años los niños están explorando y ABSORBIENDO todo su entorno para buscar un orden y para buscar su sitio en ese orden. Esta exploración del entorno se realiza siempre a través de los sentidos y los pies son unas excelentes herramientas para descubrir y sentir el mundo. De hecho hasta los 9 meses tienen una sensibilidad mayor incluso que las manos.

Por eso nuestros hijos siempre se descalzan al llegar a casa. Porque necesitan sentir. Y no solo notamos esta necesidad de llevar los pies desnudos en niños más mayores. No es rara la imagen de un bebé quitándose los calcetines o lanzando las zapatillas y chupándose los pies. Los zapatos no son más que barreras para explorar su propio cuerpo y su entorno.

Pero los beneficios no son solamente el correcto desarrollo corporal. Andar descalzos, y sobre todo por terrenos desiguales ayuda a desarrollar el equilibro, tener una buena postura, conocimiento del entorno y movimientos oculares. De hecho está relacionado con las mismas zonas del cerebro que luego pueden ayudar a luchar contra la ansiedad y con la habilidad de concentrarse.

Y no se queda ahí, si no que hace un tiempo salió un estudio que cuenta que los niños descalzos desarrollan mejor su inteligencia. Y todo relacionado con lo que Maria Montessori ya decía. El estimulo sensorial y el movimiento físico del bebé son claves para el desarrollo de la inteligencia y los zapatos no hacen nada más que dificultarlo. Los zapatos solo son para que no pasen frío al andar en el suelo, por lo que deberíamos dejar de calzar a los niños que no andan para empezar y dejar andar más descalzos a los que sí lo hacen.

En fin, que descalceis a vuestros hijos cuando podáis. Y si, también en el parque, la hierba y el asfalto. Y si por lo que sea es algo que no es posible en el lugar en el que vivís, sed muy conscientes de los zapatos que compráis y cuanto más blanda sea la suela mejor, para que el movimiento del pie en el interior sea lo más similar posible (aunque nunca será igual) a andar descalzos.

De hecho yo esta vez con Jaime he descartado los pijamas con pies y le pongo pantalones chandaleros con los pies al aire. ¡Y hasta he empezado a ir descalza yo también en sitios en los que solía ir calzada!

Los zapatos para bebés te pueden parecer bonitos, pero no sólo no son útiles, si no que frenan al bebé en su desarrollo físico y mental.