La mente absorbente – Capítulo 11

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 11. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori habla del desarrollo del lenguaje y analiza cómo se realiza la adquisición de esta facultad tan representativa de la raza humana.

El lenguaje es la base de la vida humana. Es la manera que tenemos de socializar y de convertirnos en civilización. Distingue a la humanidad. Nos hace unirnos para poder tomar decisiones inteligentes todos juntos ya que para ello es necesario que nos entendamos y esto es posible a través del lenguaje.

En realidad, lo que da sentido a un determinado conjunto de sonidos es el hecho de que nos hemos puesto de acuerdo en que esa combinación representa una determinada idea. El lenguaje es la expresión del acuerdo entre un grupo de personas y sólo ese grupo de personas es capaz de entenderlo, mientras que otro grupo representa esa idea con sonidos diferentes. El lenguaje cambia con el desarrollo del ser humano y por eso se ha ido complicando a lo largo del tiempo. De hecho los sonidos son pocos, pero se pueden unir de muchas maneras diferentes para hacer diferentes palabras.

¡Y cuántas palabras conocemos! Se requiere de una gran memoria para recordar todas las palabras y las ideas que representan. Una vez que tenemos las palabras, utilizamos una combinación de ellas para expresar un pensamiento y hay ciertas reglas para que la persona que escucha sepa exactamente lo que pensamos.

El lenguaje es una facultad que es inherente al ser humano, pero que va más allá de la naturaleza, ya que está producido por la inteligencia. El niño absorbe el lenguaje y es un proceso que tiene bastante misterio. Nos puede parecer complicadísimo aprender un idioma nuevo, pero curiosamente personas analfabetas nacidas en ese país han sido capaces de hablarlo.

Llegamos a la conclusión de que tenemos que hablar de desarrollo del lenguaje y no de aprendizaje. El lenguaje se desarrolla de manera natural y espontánea. Y ocurre de la misma manera en países con lenguas complicadas y difíciles. Existe primero un periodo en el que solo se dicen sílabas, después comienzan a decir palabras y finalmente utilizan toda la sintaxis y la gramática de su lengua. Tenga las excepciones que tenga el lenguaje, el niño que lo absorbe las aprende y las usa.

De hecho el niño construye el idioma en sí mismo y será capaz de hablar la cantidad que sea de idiomas siempre que estén en su entorno de manera natural. Esta construcción no es un trabajo consciente si no que es completamente subconsciente.

Una cosa que se ha observado al estudiar el desarrollo del lenguaje en niños es que a pesar de que externamente parece que no avanzan, internamente se está haciendo un gran trabajo. Por ejemplo, el niño comienza a decir las sílabas y está durante meses simplemente pronunciando sílabas y parece que no hay progreso externamente. Y de repente dice la primera palabra y se mantiene con dos o tres palabras durante un tiempo también. No hay un progreso palabra a palabra, sino que de repente explota sin ninguna razón ni porque se le haya enseñado y empieza a decir palabras perfectamente pronunciadas. En tres meses los niños son capaces de usar con facilidad sustantivos, sufijos, prefijos y verbos y todo esto ocurre al final del segundo año de vida.

Después de los dos años sigue habiendo explosiones de lenguaje hasta que completa la expresión del lenguaje de su grupo (según raza, nivel social, etc). Tras los dos años y medio el lenguaje se sigue desarrollando pero ya no hay aprendizajes explosivos. Este periodo va hasta los cinco años y aprende muchas palabras y perfecciona la construcción de las frases. Si el niño está en un entorno de pocas palabras solo utilizará esas pocas y si está en un entorno de vocabulario rico lo absorberá todo.

El niño de dos años y medio sabe unas doscientas palabras, mientras que el de cinco sabe miles de palabras y todo esto ocurre sin profesor y de manera espontáneo. Así, nos podemos dar cuenta de que primero hay una actividad subconsciente que prepara para el lenguaje y que luego da paso de manera gradual a la parte consciente.

La mente absorbente – Capítulo 10

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 10. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

Este capítulo se llama «Los cuidados al comienzo de la vida» y resume perfectamente lo que deberíamos hacer y cómo deberíamos actuar durante los primeros meses de vida del niño.

Algo que ha quedado claro hasta ahora es que la mente absorbente se orienta en el espacio, por lo que es importante la preparación del entorno que va a rodear al recién nacido para ayudarle en su absorción, para que se sienta atraído por él, ya que el progreso, el crecimiento y el desarrollo del niño depende de su amor por este entorno.

El bebé debe permanecer en contacto con la madre lo máximo posible y el entorno no puede ser un obstáculo para esto: buena temperatura, sin mucha luz ni ruido. El trato al niño debe ser con cuidado y hay que ser suaves en nuestros movimientos. El bebé se tiene que tocar lo menos posible, no vestirle mucho. Para desplazarle se puede utilizar un pequeño colchón que le mantenga en posición horizontal.

El bebé está ahora fuera del vientre de la madre, pero el resto tiene que ser igual. Tienen que estar en comunicación próxima y el magnetismo tiene que permanecer intacto. Después de algo de tiempo, el bebé y la madre pueden salir del «aislamiento» a la sociedad. La costumbre de que todos los familiares visiten al bebé nada más nacer debe terminar.

Una vez que el primer periodo ha terminado, el niño se adapta felizmente al entorno sin problemas y va independizándose poco a poco. Recibe al entorno y lo absorbe hasta que se acostumbra a él.

Las primeras actividades que realiza el bebé las realiza a través de los sentidos. Los ojos del niño son muy activos, no es un niño pasivo. Recibe impresiones, pero es activo. Los sentidos trabajan para el niño absorbiendo todo lo que tiene a su alrededor sin límites y ocurre una reacción psico-química que hace que estas impresiones se conviertan en parte de él.

De hecho estas impresiones que recibe del entorno le transforman para adaptarse lo mejor posible al entorno. Durante la infancia el bebé adquiere las características que le van a distinguir como el lenguaje, la religión, el carácter, etc. Y todo esto va a depender del entorno y su adaptación a él. Por lo tanto el niño necesita al entorno para desarrollarse completamente.

El entorno de un bebé tiene que ser el mundo al completo. Si queremos que hable un idioma, tiene que estar con gente que lo hable, si queremos que adquiera una facultad en particular tiene que estar entre personas que tengan esas facultades. El niño que está entre gente culta que usa muchas palabras y que tiene un comportamiento más refinado adquirirá mayor lenguaje y mayor refinamiento que un niño que no lo esté.

Si el niño se mantiene en el interior de la vivienda o incluso en guarderías mucho tiempo hay serios obstáculos en el crecimiento normal y el desarrollo. Serios retrasos e insatisfacciones. Hambre psicológica que tiene un efecto negativo a largo plazo.

En cuanto el niño puede salir fuera, deberíamos llevarle con nosotros todo el tiempo para dejarle ver lo máximo posible. Debe estar con nosotros cuando hablamos con nuestros amigos o familiares. Que vea cómo hacemos las cosas, que escuche conversaciones. No las va a absorber de forma consciente, pero si ve gente hablando a su alrededor, comiendo, etc recibe una impresión inconsciente que le ayudará en su crecimiento.

Si nos damos cuenta de que el niño se ha interesado en algo, hay que pararse y dejarle examinar lo que sea que le ha llamado la atención tanto tiempo como sea necesario.

El único remedio para niños mentalmente hambrientos es sacarles fuera de la prisión y dejarles entrar en la sociedad.

La mente absorbente – Capítulo 9

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo noveno. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la conquista de la independencia y cómo se va consiguiendo.

El desarrollo es la conquista de la independencia y esta conquista comienza desde el comienzo de la vida. Conforme va desarrollándose, se va perfeccionando a la vez que va superando obstáculos. La fuerza que hace que el niño vaya evolucionando se llama horme, que se relaciona con la fuerza de voluntad, pero esta última es algo claramente consciente, mientras que el horme es algo innato a la evolución, que le incita al niño a hacer ciertas cosas felizmente.

Nada más nacer se hace patente esta primera conquista de la independencia al separarse del útero materno y ya no depende de las funciones de su madre sino de las suyas propias y aparece en él una necesidad de conocer el entorno y absorberlo. El niño ama el entorno.

Una muestra clara de esta necesidad es que los primeros órganos que funcionan en el bebé son los órganos de los sentidos. Pero no analizan sonido pro sonido ni objeto por objeto. El psique de un niño normal primero toma el mundo y después lo analiza.

A los 6 meses se producen una serie de transformaciones y también es cuando aparece el primer diente. Además puede vivir sin la leche de su madre o al menos se puede suplementar con otras cosas. Este es otro paso más hacia la independencia. También a los 6 meses dicen sus primeras sílabas que se desarrollarán hasta formar las primeras palabras, lo que significa también una gran independencia por la posibilidad que abre al niño de poder comunicarse con otros.

Al año de vida el niño ya es capaz de andar, lo cual es uno de los mayores pasos hacia la independencia. Una de las cosas que lo posibilitan es una parte del cerebro llamado cerebelo que está situado en la parte baja del cerebro y es a partir de los seis meses que se desarrolla muy rápidamente y continua así hasta los 14-15 meses. Después se ralentiza, pero continúa desarrollándose hasta que tiene 4 años y medio. Otra de las cosas que posibilitan el andar es un conjunto de nervios y también el desarrollo del esqueleto.

Si quisiéramos enseñar al niño a andar antes de tiempo no podríamos ya que el hecho de andar depende de una serie de desarrollos físicos. La naturaleza es la que dirige. Si quisiéramos frenar al niño que ha empezado a andar y no le dejáramos sería imposible, porque una vez que un órgano se desarrolla, debe utilizarse. El niño sólo se puede desarrollar mediante la experiencia en el entorno.

Eso si, aunque el desarrollo del niño no puede destruirse, si que se puede mantener incompleto e incluso retrasar si no se le dan oportunidades de tener experiencias en el entorno. Por esto es importante darle al niño un ambiente que le permita desarrollar las funciones que la naturaleza le da. No se trata de darle lo que quiera, si no de cooperar con la naturaleza. De cualquier manera, el niño tiene tanta necesidad de hacerlo que nos pasamos la mayoría del tiempo restringiéndole el hacer cosas, lo cual no es más que luchar con la naturaleza.

Entonces llega un momento en el que la voluntad quiere tener independencia también. Empezará a buscar desarrollar su mente mediante experiencias propias y a buscar la razón de las cosas. La individualidad del ser humano se construye durante este periodo de la infancia. Solamente mediante la libertad y las experiencias en el entorno que el ser humano se desarrolla.

La mente absorbente – Capítulo 8

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo octavo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori habla del embrión espiritual y de la mente absorbente, además del terror del parto.

Con el nacimiento comienza lo que María llama el embrión psíquico o espiritual, que ha sido formado antes de nacer. Como el bebé ya tiene capacidades antes de nacer, recibe sensaciones e impresiones de su alrededor, y por eso el nacimiento tiene que ser un gran shock. Y ya no solo por el proceso en sí, si no por el cambio de entorno que se produce, además teniendo en cuenta que no está desarrollado al nacer, ni siquiera físicamente. Todo está por terminar.

Esto nos hace pensar que el niño, al nacer, todavía está en un estado embrionario. Esta persona que nace sin poder, sin posibilidad de movimiento, tiene un comportamiento que le lleva al movimiento. La formación de las cualidades que tiene que crear es un periodo más de la fase embrionaria, la fase psico-embrionaria.

Por lo tanto después del nacimiento comienza el desarrollo del psique mientras la parte física del embrión también continúa con su desarrollo. Parece como si el embrión humano naciera incompleto porque los retoques finales deben hacerse una vez que el psique haya sido formado. Este psique se forma según el entorno en el que el hombre se encuentra, según las condiciones del tiempo en el que ha nacido para poder adaptarse. Mientras el esqueleto y el sistema nervioso esperan la construcción de la inteligencia, el cuerpo se mantiene inerte. Tiene que esperar porque no es el cuerpo de un ser cuyo comportamiento esté predeterminado, como en el caso de los animales.

Como el psique tienen que construirse según el entorno, la inteligencia debe observarlo y estudiarlo primero, tiene que obtener la mayor cantidad de impresiones posible. Este es el propósito del primer periodo de vida, con una actividad psíquica muy fuerte. El primer año de vida hay mucha actividad relacionada con absorber lo que hay en el entorno y en el segundo año la parte física está prácticamente completa y los movimientos empiezan a ser mejores.

Esto muestra la gran importancia que tiene el primer año para el resto de su vida. Su mente está tan hambrienta en esta etapa, que atrapa impresiones de todo lo que existe en su entorno, pero no absorbe nada de forma consciente.

En cuanto al parto, María Montessori habla del terror que probablemente sufren en el parto. Su subconsciente es muy sensible y el niño debe ser ayudado en su primera adaptación al entorno. La naturaleza da a los padres el instinto de tener al niño cerca del cuerpo de la madre y de protegerle de la luz. De hecho tras el parto la madre suele estar bastante inútil y no tiene mucha energía por lo que se crea un ambiente de calma.

En este capítulo María critica mucho cómo se trata a los bebés al nacimiento, cuando les cogen, les lavan y les dan con luces y de cómo hemos perdido la conexión con la naturaleza en el trato con los bebés recién nacidos. La consecuencia de este trato es una transformación psíquica y el bebé toma el camino incorrecto creando estragos que se mantienen en el adulto. Es lo que se llama regresiones psíquicas. En vez de progresar, se mantienen atados.

La mente absorbente – Capítulo 7

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo séptimo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo, Montessori habla de la universalidad del hombre y cómo es el niño el instrumento para que se lleve a cabo esta universalidad.

Existen varias cosas que nos diferencian de los animales, entre ellas la capacidad de hacer un montón de movimientos diferentes, el trabajo con las manos y la variedad de lenguajes. Todas estas capacidades no están presentes en el niño y se adquieren durante la infancia, por lo que todo lo que el hombre es ha sido conquistado por el niño que un día fue.

Otra de las cosas que llaman la atención del hombre con respecto a los animales es su capacidad de adaptación al entorno, ya que toda la Tierra está poblada. Sin embargo, si consideramos a los adultos son unos de los seres vivos con menor capacidad de adaptación, ya que estamos apegados a nuestro lugar de origen y no solo esto si no al momento de la historia en el que vivimos.

La solución está en el niño, que es instrumento de la adaptabilidad de la humanidad. El niño, nacido sin ninguna capacidad, no solo las adquiere sino que se adapta a las condiciones de su entorno y esto ocurre gracias a la psique del niño, que es completamente diferente de la psique del adulto.

El niño no se adapta al entorno, absorbe el entorno. No recuerda las cosas que ve sino que forma parte de si mismo. Este tipo de memoria vital no recuerda conscientemente le llaman Mneme. El niño tiene una sensitividad absorbente hacia todo lo que haya a su alrededor y es así como se adapta: tiene un poder inconsciente.

El primer periodo de la vida es el de la adaptabilidad. Su adaptabilidad biológica es la que le permite adaptarse al lugar en el que nace: socialmente y climatológicamente. Así es como crea al individuo típico en su raza. El niño crea un comportamiento que concuerda tanto con su tiempo como con su sitio y también con la mentalidad del sitio. También crea la personalidad y los sentimientos en general.

Lo que se forma en el niño no se puede destruir nunca. Este Mneme no solo forma características sino que las mantiene vivas en el individuo: por mucho que este cambie se quedarán en su personalidad.

Si queremos darles nuevas ideas a la gente, si queremos cambiar los hábitos y las costumbres de un país o si queremos acentuar más determinadas características en en determinadas personas tenemos que utilizar como instrumento al niño, ya que en los adultos se puede hacer muy poco. La creación de la humanidad se produce en el niño. Construyen con lo que les damos.

Si cogemos a niños de 3 años o menos y creamos a su alrededor una atmósfera de entusiasmo, de dignidad, de actividad en una generación podemos cambiar el carácter del mundo. Pero para influenciarlos lo tenemos que hacer a través del entorno porque el niño absorbe el entorno y lo encarna en si mismo.

No se puede crear al hombre, pero si se le puede hacer más perfecto actuando en el embrión psíquico. Esto le da mucho poder al adulto y a la educación porque les da control sobre el crecimiento y el desarrollo psíquico. El niño da esperanza y visión de futuro.

La mente absorbente – Capítulos 5 y 6

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que estos son los capítulos quinto y sexto. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

He decidido unir los dos porque son capítulos muy intensitos en la parte teórica biológica. Habla mucho del crecimiento de las células de diferentes tipos, lo compara con animales y en cuanto a contenido pedagógico hay algo menos. De cualquier manera si tenéis la oportunidad de leerlo dice cosas muy interesantes que te hacen pensar y da sentido a la obra en su conjunto y a muchas de sus creencias.

La idea más importante que saco del capítulo quinto «El milagro de la creación» es que las personas somos capaces, ya que lo hemos hecho ya con el desarrollo físico, de controlar y ayudar al desarrollo psíquico.

Y paso al capítulo sexto «Un plan, un método».

Psíquicamente hablando existe un periodo en el que todos los seres humanos somos iguales, que es recién nacidos, por lo que únicamente debería existir una manera de educar o de tratar a los bebés, por lo tanto solo debería haber un método eficaz en este sentido.

Se llegue al resultado que se llegue, está claro que todos los seres humanos evolucionan de la misma manera y tienen las mismas necesidades psíquicas. Para llegar a ser un ser humano adulto se pasa siempre por las mismas fases. Si esto es así no debería preocuparnos en qué se va a convertir un individuo en particular ya que no podemos interferir en eso, sino que deberíamos emplear nuestras energías en asistir en estas fases de crecimiento comunes a todos y hacerlo a través de un único método que de verdad ayude. Para poder saber cuál es el método en cuestión, deberíamos mirar a la naturaleza, ya que es ella quien ha establecido estas fases de crecimiento.

Todo esto de lo que hablamos sirve para los primeros años de vida, ya que una vez que pasan estos años si que aparecen diferencias entre las personas.

Al recién nacido lo podríamos llamar embrión psíquico, ya que hay una etapa embrionaria dentro del útero materno y una etapa psico-embrionaria una vez que el bebé ha nacido y por estas dos fases pasan todos los seres humanos.

Lo que podemos hacer desde fuera es eliminar los obstáculos para que el bebé pueda realizar el trabajo lo mejor posible. La educación debería poder ayudar a conseguir la perfección en el trabajo del niño.

La mente absorbente – Capítulo 4

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el cuarto capítulo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo, Montessori habla de cómo la construcción del psique sigue el mismo orden que la construcción física en el útero materno y de la importancia de los periodos sensibles.

El niño está encaminado hacia la vida porque su propósito es la construcción del hombre en toda su fuerza. Toda la vida del niño es el progreso hacia la perfección y esta tarea le proporciona felicidad. Esta actividad le ayuda a adquirir inteligencia y fuerza. No hay competición posible ya que nadie puede hacer su trabajo más que él mismo, nadie puede crecer por él.

El niño tiene contacto con el adulto desde antes de nacer, ya que se encuentra en el cuerpo de la madre. La vida del niño empieza en el adulto y termina en el adulto.

El cuerpo se desarrolla según un determinado plan, pero también lo hace el psique. Empieza de la nada, al igual que el cuerpo empieza de una célula primitiva. Al principio realiza una acumulación de «material» o información durante el periodo de la mente absorbente a través los periodos sensibles. A través de ellos se forman «los órganos» del psique y cada uno de ellos se desarrolla de manera independiente, al igual que ocurre en el cuerpo. Estos periodos sensibles son tan precisos, que llaman al individuo a llevar a cabo determinadas acciones y a fijarse en determinadas cosas. Ninguna de estas sensibilidades ocupan todo el tiempo, sino sólo parte, el tiempo suficiente para que se construya este «órgano». Una vez se construye, la sensibilidad desaparece. Cuando todos los órganos están formados, se unen para crear al individuo en su faceta psíquica.

Una vez que conocemos de la existencia de estos periodos sensibles, la actitud hacia la infancia cambia ya que podemos ayudarles a su desarrollo psíquico mucho mejor cuando sabemos que está en uno de ellos.

La educación desde el nacimiento, como decía Montessori, significa que necesariamente tenemos que proteger de manera consciente las necesidades psíquicas del niño. La educación debe proteger la vida y llegar hasta la protección del recién nacido.

La mente absorbente – Capítulo 3

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el tercer capítulo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

Una de las cosas claras a día de hoy, y no necesariamente de fuentes provenientes de Montessori, es que hay diferentes psiques y diferentes tipos de mentes en los diferentes periodos de la vida, que se corresponden con diferentes fases en el desarrollo del cuerpo.

El primer periodo va del nacimiento a los 6 años y se puede dividir en dos subfases: de 0 a 3 y de 3 a 6 años. En estas dos subfases la mente es la misma, pero en la segunda (de 3 a 6 años) el niño es más accesible para el adulto. Se considera que a los 6 años el niño tiene la inteligencia suficiente para ser admitido en el colegio.

El segundo periodo va de los 6 a los 12 años. Este es un periodo de crecimiento, pero sin transformación.

El tercer periodo va de los 12 a los 18 años, que es una época de transformación muy fuerte y recuerda al primer periodo y también se divide en dos subfases: de los 12 a los 15 y de los 15 a los 18 años. Después de los 18 años la persona se considera completamente desarrollada.

Es curioso como esto se ha visto también reflejado en la educación tradicional, ya que hasta los 6 años la educación no es obligatoria. De 6 a 12 años es la primaria, de los 12 a los 15 la ESO y por último el Bachiller.

Como os comentaba en el anterior artículo de esta serie, a día de hoy se da mayor importancia a la educación dada en la universidad. Sin embargo la etapa más importante de la vida es la que va del nacimiento a los 6 años, ya que es en esta etapa cuando la inteligencia se forma, ya que partimos de no existir.

Esta manera de aprender que tiene el niño nos hace pensar que tiene una mente distinta a la del adulto, que desde luego es inconsciente en la manera de aprender. Mientras posee esta mente, el niño consigue muchísimas cosas. Tiene un poder que le da una sensibilidad especial para fijarse en la cosas de su entorno con mucho interés y entusiasmo hasta que las incluye en sí mismo.

A este tipo de mente Maria Montessori le llamaba «La Mente Absorbente» y es una mente privilegiada. Sea lo que sea que haya en su entorno se convierte en parte de su mente simplemente perteneciendo a él. Poco a poco el niño es consciente y empieza a absorberlo todo de forma consciente. En el momento en el que la mente pasa de inconsciente a consciente, todo lo que quiere aprender cuesta mucho más.

El niño se convierte en persona utilizando sus manos, sus experiencias, primero a través del juego y después a través del trabajo. «Las manos son el instrumento de la inteligencia humana.»

Es así como se adapta su tiempo y a su entorno. Con esta maravillosa mente absorbente. Construye su mente, para después construir su memoria, para después construir la comprensión, el razonamiento… Y así poco a poco hasta que cumple 6 años. A los 6 años se supone que tiene la capacidad de escuchar y por lo tanto puede entrar al colegio.

A pesar de que es una mente absorbente inconsciente y de que no podemos enseñarle nada, si podemos ayudarle en su trabajo y sobre todo no ponerle obstáculos. Pero no ayudamos a su debilidad, ayudamos a su fuerza.

La mente absorbente – Capítulo 2

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el segundo capítulo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

Este capítulo es uno de estos que abre los ojos. La frase que resume, básicamente toda la idea de este capítulo es: «La educación hoy en día no forma una inteligencia capaz de visualizar la época y los problemas del tiempo en el que vive.»

Durante estas páginas Maria Montessori habla de la importancia de extender la educación a toda la vida y que es algo posible de hacer con éxito. La educación tiene que ayudar y proteger la vida y nunca aislarse de la sociedad, que es justamente lo que ocurre con las personas que se están educando hoy en día. Y es curioso porque nos preparamos para la vida quedándonos fuera de la vida.

Esto se ve claramente cuando salimos de la universidad, que curiosamente, a pesar de habernos formado durante mucho tiempo, nadie quiere trabajar con nosotros porque necesitamos experiencia. Claramente no estamos preparados para la vida.

Llama especialmente la atención la despreocupación que hay con los niños de 0 a 6 años y Maria remarca como se les llama preescolares. No son cuestión del colegio, están antes del colegio. Estos niños pertenecen a sus familias y parecen no interesar.

En este momento pasa a hacer una relación muy lógica: la educación debería basarse en el conocimiento de la vida, y por lo tanto, si se hace así, el recién nacido adquiere una gran importancia. Si queremos ayudar a la vida, tendremos que entender las leyes que rigen la vida y para esto es muy importante observar, observar y observar al recién nacido.

Si damos educación para la vida, hay que darla desde el nacimiento y debe tener autoridad sobre la sociedad. Por supuesto las familias tienen que hacer su parte, pero si la familia no tiene medios suficientes es imprescindible que la sociedad no sólo les de conocimientos sino medios para educar a los niños. El niño no debe ser abandonado por el estado.

La educación para la vida afecta no solo al niño, sino también a los padres y madres y por supuesto al estado.

Esta visión del niño nos hace darnos cuenta de que en este periodo, de los 0 a los 6 años el ser humano se crea, ya que al nacer no hay nada. Es importante, de todas formas, darse cuenta de que no está vacío a la espera de que le demos conocimiento sino que se crea a si mismo. «Toda persona es formada por el niño que un día fue.» El niño toma lo que necesita del entorno para darse forma, pero necesita ayuda de su padre y su madre, que ayudan en esta construcción para que sea buena.

Por todo esto podemos llegar fácilmente a la conclusión de que si mejoramos las condiciones de vida de aquel que está formando al hombre (el niño), llegaremos a una mejor humanidad en su totalidad, ya que ayudamos a su construcción.

Es claramente una manera revolucionaria de ver la educación, dando especial importancia al niño desde el nacimiento hasta los 6 años y restando importancia al universitario, que parece ocupa nuestra mente como el más importante para la formación del ser humano del futuro.

La mente absorbente – Capítulo 1

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de «La mente absorbente» de Maria Montessori. Así que este es el primer capítulo. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este primer capítulo se habla sobre todo de la importancia de los primeros años de vida y de cómo la mente los dos primeros años de vida es completamente diferente a la del adulto.

Los niños tienen una naturaleza psíquica especial. Tiene un tipo de mente que absorbe conocimiento y se la enseña a sí mismo. Al finalizar los dos primeros años de vida el niño se ha adaptado al lugar en el que vive, comprende el lenguaje y ha aprendido a andar entre otras cosas y todo sin que nosotros se lo pudiéramos enseñar. Tiene un maestro interno muy escrupuloso y es así viva en el lugar que viva de la Tierra.

Esta no capacidad del adulto para enseñar al niño hasta los dos años es una manera de proteger al niño de la inferencia de la inteligencia humana, dándole la posibilidad de hacer su propia construcción psíquica antes de que se le pueda influir externamente.

Está claro, por tanto, que todo lo que somos a día de hoy es resultado del trabajo que hemos realizado durante estos dos primeros años. Las facultades más importantes se construyen en esta etapa también. Toda nuestra inteligencia se construye en estos años en los que no podemos enseñar al niño.

Una vez que cumple los tres años, ya se han sentado las bases de la personalidad y se necesita la ayuda externa, la ayuda del colegio. Sin embargo, no se ha perdido esta habilidad de absorber del entorno.

La educación que se de a partir de este momento debe ayudarle a desarrollar esos poderes psíquicos inherentes al individuo humano. La educación no debe ser lo que el profesor de, sino que es un proceso natural llevado a cabo por el ser humano. No se adquiere escuchando palabras sino con experiencias en el entorno. El papel del profesor es preparar diferentes actividades colocadas en un entorno preparado y actuar como sirviente de una persona que está realizando un gran trabajo.

Es por todo esto que Maria cree que el enfoque de la educación debe ser el adulto que queremos construir ya que este adulto comienza su desarrollo desde el nacimiento e incluso antes del nacimiento.

Bajo mi punto de vista la idea más interesante que desarrolla Montessori en este capítulo es la idea de que la educación se debe basar en experiencias y no en conocimientos y que hay que tener en mente que el centro de la educación es el adulto que queremos construir.

¡Empieza fuerte!