La mente absorbente – Capítulo 18

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 18. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori da una nueva visión de la educación y explica que la visión que se tiene de cómo debe ser el entorno y el profesorado está equivocada.

El problema con la educación no es falta de recursos y por lo tanto de materiales, sino que es más la falta de conocimiento de las características reales del niño. Lo que se necesita es liberar al niño, no más recursos. Y es una libertad que no vamos a entender a no ser que la experimentemos.

De hecho, el niño que vive más cercano a la naturaleza es más probable que revele su potencial que el niño que vive en condiciones de más opulencia y por lo tanto más artificiales. No por esto hay que imponer la pobreza, pero no nos debe dar miedo, ya que es la condición más favorable para el desarrollo espiritual si se acepta. Si queremos experimentar dándole libertad al niño, hacerlo desde la pobreza es la mejor manera.

La concentración es básica porque significa absorber intensamente el entorno, objeto a objeto, explorando cada uno de ellos. Un niño debe ser libre para explorar y seguir las poderosas guías naturales que hay en él. Estas guías le llevan al niño a buscar la exactitud, la precisión y conseguir todo lo que se propone.

Muchas veces lo que el profesorado quiere es que los alumnos estén atentos y concentrados en lo que hacen para que puedan repetir exactamente cualquier instrucción que se les de y que hagan todo hasta completar la tarea. Éste es el comportamiento natural del niño cuando está en un entorno natural. Si le damos libertad y no hay interrupciones por parte del profesor, el alumno completa el trabajo con concentración. Si el niño está interesado en lo que hace, sigue y sigue y sigue. No se cansa. Sin embargo si cada cierto tiempo el profesor le hace cambiar o «descansar» entonces les cansamos.

Otro de los errores es que la lógica humana dice que debemos separar las actividades físicas de las mentales y así es como se plantea en la educación tradicional. Para el trabajo mental debemos estar inmóviles en un aula y para el trabajo físico las facultades mentales no son necesarias. Sin embargo el niño no puede pensar sin sus manos ya que son el instrumento de la inteligencia. De hecho en el periodo de los tres a los seis años, ha sido descubierto que el movimiento y la mente van juntas.

Ya hemos hablado previamente del hecho de que el niño posee la mente absorbente y que absorbe el entorno al completo sin cansarse, por lo que no debería sorprendernos que la cultura, si se prepara y presenta correctamente, se puede absorber también con facilidad. La única cosa necesaria es tener material científicamente exacto que pueda ser manipulado por los niños. Una vez que tenemos eso podemos enseñarle muchas cosas al niño de tres a seis años. Las personas que se dedican a los niños en esta edad tienen que servir las necesidades psíquicas del niño.

Cuando estamos a cargo de niños de esta edad podemos decir casi que tenemos el poder de la vida social. Primero porque vemos de primera mano la transformación del niño y segundo porque podemos descubrir que el niño es capaz de hacer muchas más cosas de las que inicialmente pensábamos y esto hace que el adulto se maraville ante el potencial del niño, lo que lleva a conseguir la transformación y la educación del resto de adultos con respecto al niño.

Por lo tanto para la educación de los niños todo lo necesario son adultos, simplemente, que tengan buena voluntad, ya que lo que se debe tener en mente no son lo difíciles que son las teorías entorno a la educación sino la visión del primer experimento antes de que estas teorías se desarrollaran.

La mente absorbente – Capítulo 17

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 17. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla del paso de la mente absorbente inconsciente a la consciente y explica por qué los juguetes no están bien enfocados para el desarrollo real del niño.

El tipo de desarrollo del que llevamos hablando en toda esta serie de artículos, continúa hasta los 3 años. Es una etapa creativa, pero también olvidada. La mayoría de las cosas que ocurren en este periodo las olvidamos. En esta fase ocurren hitos que aparecen de manera aislada e independiente: el lenguaje, el movimiento de los brazos, el movimiento de los pies. Todo se desarrolla, pero sin unión, cada una por su lado y de forma completa.

Cuando cumplen los tres años es como si la vida comenzara de nuevo, ya que aparece la consciencia. Aparece también la memoria. Después de los tres años se desarrollan las facultades.

Es importante darse cuenta de que la sociedad necesita conocer estos aspectos de la mente del niño porque sino pondremos más obstáculos a su desarrollo. Durante el periodo hasta los tres años el niño está bajo el cuidado del adulto porque no puede abastecerse y los adultos, si no tenemos conocimientos de la mente del niño podemos convertirnos en dificultad más que en ayuda.

Después de los tres años el niño ha adquirido ciertas facultades que le permiten defenderse porque puede hablar. Si siente que el adulto le oprime, puede marcharse o tener una rabieta. Sin embargo su objetivo no es defenderse, sino conquistar el entorno. El periodo de los 3 a los 6 años es un periodo de construcción consciente, en el que utiliza las facultades que ha creado que salen a la superficie mediante las experiencias que conscientemente lleva a cabo en el entorno. Estas experiencias no son juego ni son al azar, son trabajo. La mano, guiada por la inteligencia hace el trabajo. En esta segunda etapa sigue sus deseos y muestra actividad con sus manos.

Aunque este periodo es un periodo de perfeccionamiento, sigue absorbiendo el entorno. La mente absorbente continua, pero sus manos y sus experiencias le ayudan a desarrollar y mejorar las facultades que ya tenía. Si vemos a un niño en esta etapa veremos que está siempre trabajando, feliz y con las manos ocupadas.

Sin embargo el enfoque que se hace de lo que les damos a los niños para trabaja parece casi una burla. Los juguetes se han vuelto tan importantes en occidente que la gente incluso piensa que ayudan a la inteligencia. Desde luego es mejor que nada, pero si miramos al niño nos daremos cuenta de que siempre quiere nuevos. El problema real es que el niño no tiene interés en ese tipo de juguetes porque no hay realidad en ellos. Cuanto más tiempo pasa en un entorno lleno de juguetes menos capaz será de adaptarse al entorno real. Es en esta etapa de los 3 a los 6 cuando intenta perfeccionarse a través de la imitación de los adultos y su consciencia se desarrolla a través de las experiencias de la vida y se las negamos.

Llénales el entorno de objetos que puedan utilizar para realizar las mismas acciones que los adultos de su cultura y comunidad. Dale motivos para la actividad con objetos hechos a su medida que utilizamos habitualmente en casa o en el exterior.

Una vez que se le dan cosas reales a un niño, no solo son más felices y están más preparados, sino que muestran una personalidad diferente. Sobre todo se ve claramente la independencia. La busca incesantemente. Niega la ayuda, quiere estar solo.

La vida social y el desarrollo de la personalidad llega de manera espontánea. La felicidad del niño no es el objetivo, sino que sea el constructor del adulto, independiente, trabajador y experto en su entorno.

La mente absorbente – Capítulo 16

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 16. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la importancia del ciclo de actividad y de cómo debemos enfocar el caminar con niños.

El año y medio es una edad muy importante en la educación del niño ya que es el momento en el que las extremidades inferiores y superiores coinciden en desarrollo. Además a los dos años llega una explosión de lenguaje y es por esto que al año y medio ya está realizando esfuerzos para expresarse. Es una época de esfuerzo y de construcción. Es muy importante que en esta época del año y medio a los dos años se tenga especial cuidado para no destrozar el desarrollo del niño. Es un periodo de máximo esfuerzo que debe ser apoyado y además empieza a tener tendencia a la imitación, pero para ello primero tiene que entender.

Sin embargo la naturaleza no se preocupa por si hay perfección o no en los adultos. Lo que le preocupa es que para imitar, el niño tiene que estar preparado y esta preparación es la que importa, y depende directamente del niño.

Si observamos a un niño en esta edad, nos daremos cuenta de que hace determinadas cosas. Cosas que para nosotros pueden parecer absurdas. Si vemos que el niño lleva a cabo actividades, aunque no las entendamos o no sea nuestro deseo que las hagan, siempre que no sean peligrosas no debemos interferir, por el niño necesita terminar su ciclo de actividad. Seguirán realizando este tipo de acciones una y otra vez hasta que se cansen. Hay veces que el adulto tiene ganas de ayudar en el esfuerzo al niño, pero esta ayuda lo único que hace es romper el ciclo de actividad y es una manera de reprimir al niño.

Estos ciclos de actividades puede que no tengan sentido en sí, pero el niño lleva a cabo actividades que le dan coordinación de sus propios movimientos. El objeto no es en sí el objetivo.

Es completamente natural que el niño tienda a andar. Un niño de alrededor de dos años puede andar hasta un kilometro y los puntos difíciles de un paseo son los más interesantes. La idea preconcebida de que los niños no pueden andar una distancia es resultado de que queremos que anden a nuestro ritmo.

Y es que volvemos a lo mismo de lo que hablábamos arriba. El propósito del niño no es llegar, sino andar. Sus piernas están desproporcionadas con el tamaño de su cuerpo y son mucho más pequeñas que las nuestras, por lo que no tenemos que hacer que el niño nos siga, si no que tenemos que seguirle a él. El niño tiene sus propias leyes de crecimiento y si le queremos ayudar a crecer, debemos seguirle, no imponernos. El niño no solo anda con las piernas, anda también con los ojos, por lo que las cosas interesantes a su alrededor son las que le hacen moverse. De esta manera puede andar kilómetros, ya que son paseos llenos de momentos de descanso y de información interesante.

La idea de moverse por el entorno de cosa interesante a cosa interesante forma parte de la naturaleza y de la educación. Todos los niños deberían caminar así. Cuanto más aprende, más anda.

La mente absorbente – Capítulo 15

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 15. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori explica el desarrollo del movimiento hasta el año y medio y además relaciona la inteligencia con el trabajo de las manos.

Una cosa curiosa que ocurre en el ser humano es que nuestras extremidades se desarrollan diferente unas de otras lo que muestra que claramente tienen funciones diferentes. Para empezar todos sabemos lo que va a acabar haciendo una persona con sus piernas, pero no sabemos lo que acabará haciendo con sus manos. La función de los pies es biológica, pero está también conectada al desarrollo del cerebro.

La mano, sin embargo, no tiene una guía biológica y por lo tanto tiene una conexión psicológica, por lo que depende del psique para su desarrollo. El desarrollo de la mano está conectado con el desarrollo de la inteligencia y si echamos la vista atrás está relacionado también con el desarrollo de la civilización. Cuando las personas piensan, piensan y actúan con las manos. El desarrollo de la mano va codo con codo con el desarrollo de la inteligencia.

Todos los cambios en el entorno se han hecho con las manos. El propósito de tener inteligencia es prácticamente tener manos. Es por esto que el estudio del desarrollo del niño tiene que estar íntimamente relacionado con el estudio del desarrollo de la mano. La inteligencia a la que puede llegar un niño sin utilizar las manos es una, pero siempre será mayor si se utilizan. Además, los niños que pueden trabajar con las manos muestran un desarrollo y firmeza mayor en el carácter. La mano está conectada con la individualidad.

El desarrollo del movimiento está conectado con la vista, primero porque necesitamos ojos para ver donde poner nuestros pies y después trabajamos con nuestras manos, por lo que necesitamos saber lo que hacemos.

En el desarrollo de los niños primero hay observación del entorno. Esta observación se lleva a cabo antes de que se mueva y después va hacia el movimiento. El primer paso en este desarrollo es el agarre. Una vez que la mano agarra algo, aparece la consciencia que le llama a la mano. El agarre es inconsciente primero y después consciente. Esta consciencia ocurre con las manos, no con los pies. Llega un momento, entorno a los 6 meses, que el agarre se hace intencional.

A los 10 meses la observación del entorno despierta el interés y ya no solo quiere agarrar sino mantener en la mano. Aparece el deseo y el agarre porque si acaba. Después de esto comienza el ejercicio de la mano y empieza a cambiar la posición de los objetos: la mano afecta al entorno. Antes del año, el niño hace muchas acciones con la mano y a través de ejercitarlo el niño adquiere habilidad.

El entorno no tiene nada que ver con esto. El cerebelo lo ordena y el niño, con esfuerzo y ayuda, se sienta y se incorpora. Después el bebé se gira sobre su estómago y gatea. Cuando al final se pone de pie, apoya sus pies en el suelo y adopta la posición erecta y camina agarrándose, para después andar solo. Tras estos momentos, se consigue un nuevo avance hacia la independencia, y esto nos demuestra que la independencia y el desarrollo de las personas está ligado al esfuerzo.

El niño que es capaz de andar debe andar solo, porque todo el desarrollo se refuerza con el ejercicio. El adulto que continúa intentando ayudar se convierte en un obstáculo para el niño. Permítele andar y si sus manos quieren trabajar, dale motivos para la actividad inteligente.

Al año y medio llega el máximo esfuerzo. El contacto entre las manos y el equilibrio se produce. Aparece también una tendencia a intentar romper las leyes de la gravedad. Querrá trepar y para hacerlo utilizará sus manos.

El niño, que ya es capaz de andar, seguro de su fuerza, verá las acciones de las personas a su alrededor y tendrá tendencia a imitarlas. En este periodo de imitación el niño tiene mucha necesidad de copiar a los adultos y sólo seremos capaz de ver esto si le dejamos libertad para actuar.

Si no dejamos actuar al niño: le llevamos en brazos porque no puede andar, hacemos las cosas por él porque no puede trabajar, al final le mandamos señales de que es inferior.

La mente absorbente – Capítulo 14

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 14. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori habla sobre el movimiento y su relación con el desarrollo de la inteligencia y cómo hoy en día hemos olvidado esa relación, manteniendo a los niños inmóviles cuando aprenden.

Tristemente, el movimiento se considera menos importante de lo que es, sobre todo en el caso del niño y se olvida habitualmente en los colegios dando más importancia al cerebro. El único momento en el que hay algo de movimiento en en Educación Física, que está curiosamente desligada del cerebro y la inteligencia.

Sin embargo los músculos están estrechamente relacionados con el cerebro, ya que son el final del sistema nervioso. Sin los músculos la expresión del pensamiento no tendría lugar. Hay que tener en cuenta a los músculos, ya que la manera del sistema nervioso de ponerse en contacto con las personas con el entorno.

Si tenemos un cerebro, sentidos y órganos destinados al movimiento, deben funcionar y ser ejercitados en su totalidad para que el resto de partes funcionen correctamente.

El error que cometemos hoy en día es pensar que lo físico va separado de lo mental, pero la realidad es que van unidos y que debemos incluir trabajo físico. Si consideramos el trabajo físico por un lado y el mental por el otro rompemos un círculo y las acciones de las personas quedan separadas del cerebro. El movimiento es la expresión del cerebro.

Aún así seguimos viendo como la mayoría de la gente cuando piensa en desarrollo mental se imagina a todos los niños sentados, sin moverse. El nuevo concepto que Montessori presenta aquí remarca la importancia del movimiento como ayuda para el desarrollo del cerebro una vez que se ponen en relación. Sin movimiento no hay progreso ni tampoco salud. El niño desarrolla su mente usando sus movimientos.

El mecanismo del movimiento es muy complicado y no está preestablecido al nacer en el caso de los humanos, por lo que debe ser creado y conseguido a través de experiencias con el entorno. Las personas podemos conseguir cualquier movimiento, por lo que hay que coordinarlos y esta coordinación no es algo que nos venga dada sino que hay que trabajarla también. Por lo tanto el niño crea el movimiento y lo perfecciona.

La naturaleza nos da muchos músculos para que decidamos utilizarlos para lo que necesitamos y nuestro psique puede dirigir y crear cualquier desarrollo. Nada está establecido, todo es posible con la dirección adecuada.

Nuestro propósito debe ser que os niños desarrollen la coordinación de los movimientos necesaria para su vida psíquica: enriquecer el lado practico y ejecutivo de la vida psíquica. Como el movimiento es tan necesario para la vida humana de las relaciones con el entorno y otros humanos, es a este nivel al que el movimiento debe ser desarrollado.

El movimiento es lo que diferencia la vida de las objetos inanimados, pero la vida se mueve con un propósito y de acuerdo con unas leyes. Cada individuo tiene sus propias características y tiene su propósito.

El trabajo y el movimiento es uno y esto debe ser una cuestión social. La sociedad está formada por un conjunto de individuos, cada uno moviéndoselo hacia su objetivo. Todo el mundo debería moverse con un objetivo mayor, no sólo para uno mismo sino también para los demás.

La mente absorbente – Capítulo 13

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 13. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de los defectos que se pueden producir a raíz de la adquisición del lenguaje.

El comienzo del habla de todos los idiomas es el mismo: primero comienzan haciendo esfuerzos por hablar, sus primeras interjecciones, exclamaciones. Después juntan dos sonidos y las sílabas se forman y después tres para formar las primeras palabras. Las primeras frases aparecen con poquitas palabras cuyo significado no queda del todo claro. Una vez se pasa esta última etapa se produce una gran explosión en el lenguaje. Y justamente antes de cumplir los dos años empiezan a colocar las palabras en orden y se produce una gran explosión de frases y de pensamientos.

Para poder expresar sus pensamientos, el niño tiene que hacer mucho esfuerzo. Como muchas veces el adulto no entiende lo que quiere decir el niño, aparecen en esta etapa las primeros momentos de rabia y de alterarse. Estas rabietas formas parte de la vida del niño, ya que si todo el esfuerzo que realiza no le lleva a transmitir lo que quiere, aparece la frustración.

La conquista del lenguaje es complicada y es un paso enorme hacia la independencia y termina con la libertad de expresión, pero estos momentos cumbre siempre llevan a su lado el peligro de regresión.

Una de las características de este periodo de la mente absorbente es que toda impresión recibida tiene tendencia a quedarse permanentemente registrada, por lo que si hay obstáculos en este periodo se quedarán permanentemente. La reacción a estos obstáculos se absorbe exactamente igual que todo lo demás en el desarrollo.

Es por esto que en esta etapa no solo tenemos el desarrollo del carácter, sino que también se desarrollan ciertas características psíquicas que los niños manifestaran conforme vayan creciendo. El lenguaje y el caminar son dos cosas que se adquieren en esta etapa. La adquisición de estas dos facultades se produce hasta los dos años y medio y aunque continúan después de esto lo hacen con menor intensidad. Muchos d ellos defectos que presenta la gente adulta están atribuidas a esta época de la vida.

Es importante que esta explosión de expresión de pensamientos vaya acompañada de libertad de expresión ya que está relacionada con la vida futura del adulto. En caso de no ser así se denomina mutismo psíquico y se produce tras una oposición fuerte y persistente que impidió al niño en su día el desarrollar al máximo el lenguaje.

Existen épocas diferentes de adquisición del lenguaje y a cada época le corresponde una posible regresión.

  1. La mecánica de las palabras se adquiere. Regresión posible: tartamudez.
  2. La mecánica de las frases se adquiere. Regresión posible: dudas en la formulación de sus pensamientos.

Estas regresiones están relacionadas con la sensibilidad del niño. Si es sensible para adquirir, también lo es para percibir los obstáculos que sean muy duros para él.

Por todo esto es muy importante esforzarse especialmente en tener comportamientos no violentos. E incluso se debe exagerar, ya que lo que no es violento para nosotros lo puede ser para el niño. Debemos estudiarnos a nosotros mismos. El niño en esta etapa es muy sensible.

No deben reprimirse las rabietas, ya que el niño que las tiene ha encontrado la manera de defenderse y defender sus pensamientos y puede llegar al desarrollo normal, pero cuando un niño reacciona cambiando su carácter esto le puede afectar para el resto de su vida.

De hecho nuestras acciones no solo se reflejan en los comportamientos del niño, sino que aparecerán en el adulto en el que ese niño se va a convertir. Esta época de la vida del niño es muy importante para el resto de su vida y para la humanidad. Es muy importante empezar a estudiar más al niño de esta edad e intentar penetrar en su mente.

Debemos intentar facilitar las cosas al niño a la hora de expresarse y esto será eternamente agradecido por ellos. No con afecto necesariamente sino con esperanza por su parte, ya que ha encontrado a alguien que le puede abrir las puertas al mundo y creará una fuerte relación por encima del afecto.

El niño en esta etapa se caracteriza por una enorme paciencia a la hora de expresarse (a pesar de las rabietas insiste de manera persistente en comunicarse) y por una pasión por el orden (periodo sensible del orden) y esto es algo que tenemos que tener siempre muy en cuenta. Hay una vida mental que no vemos.

  1. La educación en los primeros dos años de vida es de vital importancia para el resto de la vida.
  2. El niño está dotado con una inteligencia enorme de la que no nos damos cuenta.
  3. El niño tiene una sensibilidad extrema que puede acarrear defectos que serán incorporados en su personalidad si les sometemos a cualquier tipo de violencia.

La mente absorbente – Capítulo 12

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 12. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de cómo el niño adquiere el lenguaje y de la evolución tanto en el subconsciente como de manera consciente.

Claramente podemos observar dos partes en el desarrollo del lenguaje, una que escucha los sonidos y otra que los articula. Esta segunda parte se desarrolla más despacio y por lo tanto se comienza a utilizar después de la primera, ya que son los sonidos los que provocan el movimiento para hablar. Es necesario que el bebé oiga el lenguaje antes de reproducirlo.

Es curioso como el oído solo responde y actúa a la lengua hablada y luego el cerebro llega a reproducirlo de igual manera. Sin embargo el resto de sonidos o ruidos que escucha a su alrededor no son absorbidos ni reproducidos. La naturaleza ha construido unos centros capaces de aislar el lenguaje que utilizamos los humanos y esto es algo que nos caracteriza.

Como lo que ocurre durante los primeros 3 años de vida se absorbe y acaba formando parte del niño por poseer la mente absorbente, los sonidos del lenguaje se fijan en el subconsciente. Después de fijarse aparecen las sílabas, las palabras, después hace aparición la gramática y distingue entre palabras: primero los sustantivos, después adjetivos, conjunciones y adverbios, más tarde los verbos en infinitivo para después conjugarlos y por último los prefijos y sufijos además de todas las excepciones.

Una vez que empieza a utilizar el lenguaje hablado lo hace de forma más que correcta. En los dos primeros años de vida se va despertando la consciencia y de repente se convierte en dominante y lo quiere controlar todo.

A los 4 meses el niño percibe el lenguaje y mira con intensidad cuando las personas hablamos. Ya empezamos a ver en ello algo de consciencia. A los 6 meses, empieza a producir sus primeros sonidos. A los 10 meses el niño se da cuenta de que el lenguaje tiene un propósito y se da cuenta de que algunos de los sonidos que se realizan son dirigidos a él. Al final del primer año crea el lenguaje, a pesar de que en ese momento tampoco dice muchas cosas y nosotros no nos damos cuenta porque balbucea.

Con un año de vida empieza a decir sus primeras palabras intencionadas, lo que significa que hay consciencia e inteligencia. El niño se da cuenta de que el lenguaje se refiere a su entorno y empieza a perfeccionarlo. Sin embargo es en esta época donde surgen frustraciones, ya que a pesar de ser consciente la mecánica no le acompaña y no es capaz de expresar lo que quiere.

Una de las cosas que hay que tener claras es que ya que el niño tiene conocimientos gramaticales, es importante que le hablemos correctamente para ayudarle con el análisis de las frases. Está muy bien que el niño nos acompañe siempre y nos vea mantener conversaciones y hablar con otras personas para que reciba la ayuda que necesita en el análisis del lenguaje.

Al año y medio el niño reconoce que cada objeto tiene un nombre, pero desafortunadamente con una sola palabra no se puede expresar una idea, así que tiene que hacerse entender con frases de una sola palabra, lo cual es complicado. De hecho incluso hacen ciertas abreviaciones o se comen sílabas al hablar. Sin embargo un niño de año y medio es capaz perfectamente de entender una conversación completa y su sentido.

Debemos tener especial cuidado de que el niño tenga experiencias con el mejor lenguaje.

La mente absorbente – Capítulo 11

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 11. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo Montessori habla del desarrollo del lenguaje y analiza cómo se realiza la adquisición de esta facultad tan representativa de la raza humana.

El lenguaje es la base de la vida humana. Es la manera que tenemos de socializar y de convertirnos en civilización. Distingue a la humanidad. Nos hace unirnos para poder tomar decisiones inteligentes todos juntos ya que para ello es necesario que nos entendamos y esto es posible a través del lenguaje.

En realidad, lo que da sentido a un determinado conjunto de sonidos es el hecho de que nos hemos puesto de acuerdo en que esa combinación representa una determinada idea. El lenguaje es la expresión del acuerdo entre un grupo de personas y sólo ese grupo de personas es capaz de entenderlo, mientras que otro grupo representa esa idea con sonidos diferentes. El lenguaje cambia con el desarrollo del ser humano y por eso se ha ido complicando a lo largo del tiempo. De hecho los sonidos son pocos, pero se pueden unir de muchas maneras diferentes para hacer diferentes palabras.

¡Y cuántas palabras conocemos! Se requiere de una gran memoria para recordar todas las palabras y las ideas que representan. Una vez que tenemos las palabras, utilizamos una combinación de ellas para expresar un pensamiento y hay ciertas reglas para que la persona que escucha sepa exactamente lo que pensamos.

El lenguaje es una facultad que es inherente al ser humano, pero que va más allá de la naturaleza, ya que está producido por la inteligencia. El niño absorbe el lenguaje y es un proceso que tiene bastante misterio. Nos puede parecer complicadísimo aprender un idioma nuevo, pero curiosamente personas analfabetas nacidas en ese país han sido capaces de hablarlo.

Llegamos a la conclusión de que tenemos que hablar de desarrollo del lenguaje y no de aprendizaje. El lenguaje se desarrolla de manera natural y espontánea. Y ocurre de la misma manera en países con lenguas complicadas y difíciles. Existe primero un periodo en el que solo se dicen sílabas, después comienzan a decir palabras y finalmente utilizan toda la sintaxis y la gramática de su lengua. Tenga las excepciones que tenga el lenguaje, el niño que lo absorbe las aprende y las usa.

De hecho el niño construye el idioma en sí mismo y será capaz de hablar la cantidad que sea de idiomas siempre que estén en su entorno de manera natural. Esta construcción no es un trabajo consciente si no que es completamente subconsciente.

Una cosa que se ha observado al estudiar el desarrollo del lenguaje en niños es que a pesar de que externamente parece que no avanzan, internamente se está haciendo un gran trabajo. Por ejemplo, el niño comienza a decir las sílabas y está durante meses simplemente pronunciando sílabas y parece que no hay progreso externamente. Y de repente dice la primera palabra y se mantiene con dos o tres palabras durante un tiempo también. No hay un progreso palabra a palabra, sino que de repente explota sin ninguna razón ni porque se le haya enseñado y empieza a decir palabras perfectamente pronunciadas. En tres meses los niños son capaces de usar con facilidad sustantivos, sufijos, prefijos y verbos y todo esto ocurre al final del segundo año de vida.

Después de los dos años sigue habiendo explosiones de lenguaje hasta que completa la expresión del lenguaje de su grupo (según raza, nivel social, etc). Tras los dos años y medio el lenguaje se sigue desarrollando pero ya no hay aprendizajes explosivos. Este periodo va hasta los cinco años y aprende muchas palabras y perfecciona la construcción de las frases. Si el niño está en un entorno de pocas palabras solo utilizará esas pocas y si está en un entorno de vocabulario rico lo absorberá todo.

El niño de dos años y medio sabe unas doscientas palabras, mientras que el de cinco sabe miles de palabras y todo esto ocurre sin profesor y de manera espontáneo. Así, nos podemos dar cuenta de que primero hay una actividad subconsciente que prepara para el lenguaje y que luego da paso de manera gradual a la parte consciente.

La mente absorbente – Capítulo 10

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo número 10. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

Este capítulo se llama «Los cuidados al comienzo de la vida» y resume perfectamente lo que deberíamos hacer y cómo deberíamos actuar durante los primeros meses de vida del niño.

Algo que ha quedado claro hasta ahora es que la mente absorbente se orienta en el espacio, por lo que es importante la preparación del entorno que va a rodear al recién nacido para ayudarle en su absorción, para que se sienta atraído por él, ya que el progreso, el crecimiento y el desarrollo del niño depende de su amor por este entorno.

El bebé debe permanecer en contacto con la madre lo máximo posible y el entorno no puede ser un obstáculo para esto: buena temperatura, sin mucha luz ni ruido. El trato al niño debe ser con cuidado y hay que ser suaves en nuestros movimientos. El bebé se tiene que tocar lo menos posible, no vestirle mucho. Para desplazarle se puede utilizar un pequeño colchón que le mantenga en posición horizontal.

El bebé está ahora fuera del vientre de la madre, pero el resto tiene que ser igual. Tienen que estar en comunicación próxima y el magnetismo tiene que permanecer intacto. Después de algo de tiempo, el bebé y la madre pueden salir del «aislamiento» a la sociedad. La costumbre de que todos los familiares visiten al bebé nada más nacer debe terminar.

Una vez que el primer periodo ha terminado, el niño se adapta felizmente al entorno sin problemas y va independizándose poco a poco. Recibe al entorno y lo absorbe hasta que se acostumbra a él.

Las primeras actividades que realiza el bebé las realiza a través de los sentidos. Los ojos del niño son muy activos, no es un niño pasivo. Recibe impresiones, pero es activo. Los sentidos trabajan para el niño absorbiendo todo lo que tiene a su alrededor sin límites y ocurre una reacción psico-química que hace que estas impresiones se conviertan en parte de él.

De hecho estas impresiones que recibe del entorno le transforman para adaptarse lo mejor posible al entorno. Durante la infancia el bebé adquiere las características que le van a distinguir como el lenguaje, la religión, el carácter, etc. Y todo esto va a depender del entorno y su adaptación a él. Por lo tanto el niño necesita al entorno para desarrollarse completamente.

El entorno de un bebé tiene que ser el mundo al completo. Si queremos que hable un idioma, tiene que estar con gente que lo hable, si queremos que adquiera una facultad en particular tiene que estar entre personas que tengan esas facultades. El niño que está entre gente culta que usa muchas palabras y que tiene un comportamiento más refinado adquirirá mayor lenguaje y mayor refinamiento que un niño que no lo esté.

Si el niño se mantiene en el interior de la vivienda o incluso en guarderías mucho tiempo hay serios obstáculos en el crecimiento normal y el desarrollo. Serios retrasos e insatisfacciones. Hambre psicológica que tiene un efecto negativo a largo plazo.

En cuanto el niño puede salir fuera, deberíamos llevarle con nosotros todo el tiempo para dejarle ver lo máximo posible. Debe estar con nosotros cuando hablamos con nuestros amigos o familiares. Que vea cómo hacemos las cosas, que escuche conversaciones. No las va a absorber de forma consciente, pero si ve gente hablando a su alrededor, comiendo, etc recibe una impresión inconsciente que le ayudará en su crecimiento.

Si nos damos cuenta de que el niño se ha interesado en algo, hay que pararse y dejarle examinar lo que sea que le ha llamado la atención tanto tiempo como sea necesario.

El único remedio para niños mentalmente hambrientos es sacarles fuera de la prisión y dejarles entrar en la sociedad.

La mente absorbente – Capítulo 9

Como ya os dije en el post introductorio de esta serie, voy a ir contándoos, capítulo a capítulo, la obra de “La mente absorbente” de Maria Montessori. Así que este es el capítulo noveno. Os invito a leer conmigo y hacer de esto un club de lectura donde podamos compartir lo que nos vaya pareciendo.

En este capítulo María Montessori habla de la conquista de la independencia y cómo se va consiguiendo.

El desarrollo es la conquista de la independencia y esta conquista comienza desde el comienzo de la vida. Conforme va desarrollándose, se va perfeccionando a la vez que va superando obstáculos. La fuerza que hace que el niño vaya evolucionando se llama horme, que se relaciona con la fuerza de voluntad, pero esta última es algo claramente consciente, mientras que el horme es algo innato a la evolución, que le incita al niño a hacer ciertas cosas felizmente.

Nada más nacer se hace patente esta primera conquista de la independencia al separarse del útero materno y ya no depende de las funciones de su madre sino de las suyas propias y aparece en él una necesidad de conocer el entorno y absorberlo. El niño ama el entorno.

Una muestra clara de esta necesidad es que los primeros órganos que funcionan en el bebé son los órganos de los sentidos. Pero no analizan sonido pro sonido ni objeto por objeto. El psique de un niño normal primero toma el mundo y después lo analiza.

A los 6 meses se producen una serie de transformaciones y también es cuando aparece el primer diente. Además puede vivir sin la leche de su madre o al menos se puede suplementar con otras cosas. Este es otro paso más hacia la independencia. También a los 6 meses dicen sus primeras sílabas que se desarrollarán hasta formar las primeras palabras, lo que significa también una gran independencia por la posibilidad que abre al niño de poder comunicarse con otros.

Al año de vida el niño ya es capaz de andar, lo cual es uno de los mayores pasos hacia la independencia. Una de las cosas que lo posibilitan es una parte del cerebro llamado cerebelo que está situado en la parte baja del cerebro y es a partir de los seis meses que se desarrolla muy rápidamente y continua así hasta los 14-15 meses. Después se ralentiza, pero continúa desarrollándose hasta que tiene 4 años y medio. Otra de las cosas que posibilitan el andar es un conjunto de nervios y también el desarrollo del esqueleto.

Si quisiéramos enseñar al niño a andar antes de tiempo no podríamos ya que el hecho de andar depende de una serie de desarrollos físicos. La naturaleza es la que dirige. Si quisiéramos frenar al niño que ha empezado a andar y no le dejáramos sería imposible, porque una vez que un órgano se desarrolla, debe utilizarse. El niño sólo se puede desarrollar mediante la experiencia en el entorno.

Eso si, aunque el desarrollo del niño no puede destruirse, si que se puede mantener incompleto e incluso retrasar si no se le dan oportunidades de tener experiencias en el entorno. Por esto es importante darle al niño un ambiente que le permita desarrollar las funciones que la naturaleza le da. No se trata de darle lo que quiera, si no de cooperar con la naturaleza. De cualquier manera, el niño tiene tanta necesidad de hacerlo que nos pasamos la mayoría del tiempo restringiéndole el hacer cosas, lo cual no es más que luchar con la naturaleza.

Entonces llega un momento en el que la voluntad quiere tener independencia también. Empezará a buscar desarrollar su mente mediante experiencias propias y a buscar la razón de las cosas. La individualidad del ser humano se construye durante este periodo de la infancia. Solamente mediante la libertad y las experiencias en el entorno que el ser humano se desarrolla.